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Opinión

Sánchez, entre Shackleton y Franklin

El presidente del Gobierno simboliza cómo resistir sin corregir el rumbo puede convertir la perseverancia en una marcha hacia el desastre

«Necesitamos tiempo», proclamó este fin de semana Pedro Sánchez, y activó de nuevo el manual de resistencia al que ha apelado tantas veces cuando ha estado contra las cuerdas.

Parecería que el presidente se ve a sí mismo como Ernest Shackleton, el explorador recordado por la expedición del ‘Endurance’ a principios del siglo pasado. Su plan era cruzar la Antártida de costa a costa, pero el barco quedó atrapado en el hielo. La misión fracasó en su objetivo original, pero se hizo legendaria porque Shackleton la reconvirtió en una operación de rescate y consiguió mantener con vida a su tripulación en un ejemplo de liderazgo, resistencia y perseverancia.

El problema para Sánchez es que en el PSOE empiezan a aflorar dirigentes territoriales que no lo ven como a Shackleton, sino como a John Franklin, que en 1845 salió de Inglaterra con dos barcos y 129 hombres para encontrar el Paso del Noroeste, una ruta marítima por el Ártico canadiense. Su expedición quedó atrapada cerca de la isla del Rey Guillermo, los barcos fueron abandonados y todos sus tripulantes murieron. Franklin simboliza cómo resistir sin corregir el rumbo puede convertir la perseverancia en una marcha hacia el desastre.

Sánchez ha proclamado que no piensa adelantar las elecciones ni dar por agotado su ciclo político pese a los casos que cercan al Gobierno, al partido y a su entorno personal. Desde el propio Ejecutivo se admite que el PSOE podría acabar imputado por haber pagado presuntamente 4.000 euros mensuales a Leire Díez, señalada como la ‘fontanera’ del secretario de Organización, Santos Cerdán, para obstaculizar las causas abiertas por corrupción.

El presidente pide tiempo y se le pone cara de Franklin, el explorador que confundió perseverancia con obstinación, porque en el partido cala la idea de que el riesgo no es salir del Gobierno, sino perder en las próximas elecciones municipales y autonómicas el poco poder territorial que aún mantiene, una derrota de la que podría tardar años en recuperarse.

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