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Opinión | Para empezar

¡Hurrarrum!

Tolkien estaría muy de acuerdo con las protestas de los vecinos en el barrio de sa Real

La higuera herrumbrosa del Parque de la Paz.

La higuera herrumbrosa del Parque de la Paz. / Guillermo Sáez

He pasado mil veces por delante y nunca me había parado a contemplarlo. Es espléndido. Su espectacular copa da sombra a tres bancos de madera que siempre están ocupados. Un rincón fresquito muy codiciado en la esquina norte del parque de la Paz. Es una higuera herrumbrosa, un ficus de la variedad ‘australis’, que destaca por su mayor tolerancia a la influencia del mar. ¿Se imagina que alguien llega con una sierra y lo destroza? ¿Le parecería menos sangrante si contara con permiso de las autoridades para hacerlo?

«Muchos de estos árboles eran amigos míos a los que conocía como la corteza de mi tronco». A Bárbol se le quebraba esa voz grave y profunda cuando descubría las fechorías que Saruman había perpetrado en el Bosque de Fangorn para pertrecharse para la guerra contra Gandalf y compañía. Tolkien, que todo lo que tenía de beato lo tenía de combativo naturalista, parió la brillante idea de insuflar vida humanoide a los árboles del ‘Señor de los anillos’. Una de las escenas más reconfortantes de la trilogía es ver cómo se les hinchan las ramas a los Ents y destrozan a todos esos orcos que han deforestado a tantos congéneres sin contemplaciones. Y no miro a nadie, pensaría Tolkien mientras escribía la escena. Ejem, ejem.

En el barrio de sa Real, los árboles no disfrutan de la bendición mágica de Tolkien y no pueden marchar hacia el Ayuntamiento, pero cuentan con la complicidad de unos vecinos comprometidos con el futuro de sus verdes y robustos amigos. Si Tolkien fuera un paseante habitual del bulevar Abel Matutes, a buen seguro que se habría sumado a esas protestas puramente vecinales, sin intereses espurios ni partidistas de ningún tipo, que han brotado para decirle al alcalde que verdes las han segado con ese monstruoso proyecto de aparcamiento de varias plantas. Que no se vaya por las ramas con propuestas impregnadas de cemento y hormigón. Que respete a todos los vecinos que han echado raíces en el barrio gracias a ese pulmón verde al que van a proteger para que nadie que arranque. Y que... ¡Hurrarrum!, en definitiva.

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