Opinión | Para empezar

Cargo: Jefa de sección
El alcalde de Ibiza juega a las casitas
Toda la ingeniería inmobiliaria que Rafael Triguero ha hecho con ese bajo comercial será muy legal, no lo pongo en duda, pero es fea. Muy fea

Muñecas Barbie en una caja en Ibiza. / M. T.
De niña, jugaba a las casitas. Les hacía unas mansiones a mis barbies con tres cajas de zapatos que ni las villas de Ibiza que se alquilan a precio de diamante en verano. Como diría mi abuela, no les faltaba un perejil. Con cartulinas, papel de diarios y revistas y restos de tela hacía maravillas. Acababa colocada con el pegamento Imedio, pero horas después mis barbies disfrutaban cual millonarias.
El alcalde de Ibiza no está en edad de jugar a las casitas. Ni en situación. He estado calladita sobre este tema porque esperaba que hablara. De verdad. Porque la lectura de manifiesto que hizo a los pies de las murallas cuando saltó el escándalo de su local comercial convertido en VPL fue, eso sí, de juguete. Mucho leer y poco decir.
Después del pleno extraordinario de este jueves, en el que tuvo la posibilidad de explicarse largo y tendido, ya no me callo. Toda la ingeniería inmobiliaria que el alcalde de Ibiza ha hecho con ese bajo del barrio de Can Misses será muy legal, no lo pongo en duda, pero es fea. Muy fea.
Quienes tenemos la suerte de tener una vivienda sabemos lo que cuesta. Y sabemos lo que cuesta cualquier mínima reforma que hay que hacer. Sabemos lo que cuestan unos toldos, normales, ni siquiera eléctricos. Sabemos lo que cuesta ya no un olivo, sino unas simples plantitas para alegrar la terraza. No hablemos ya de cambiar o poner una cocina o transformar un local comercial en una vivienda. Un pastizal.
Y, qué quieren que les diga, no me creo que el alcalde sea san Triguero de Calcosta y haga todo ese dispendio para alquilar esa nueva VPL al precio que podrá hacerlo. No salen las cuentas. Pero si hay algo del pleno del jueves que realmente me puso mala fue cuando habló de sus hijos, acusando a los demás de meter a dos menores en toda esta polémica. No. Lo siento, pero no. El que metió a estos niños en esto fue él mismo, con esa donación en vida imprescindible para este juego de pisos que ha salido rana. Y, lo siento, pero la vida privada de un alcalde (y de cualquier político) es privada hasta que mete su vida privada en jardines en los que no debería. Por muy legales que sean. Y un alcalde no debería jugar a las casitas. Y menos en una isla en la que la falta de vivienda es un drama.
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