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Opinión | Para empezar

La mascarada comienza en el aeropuerto de Ibiza

La mascarada comienza en el aeropuerto

La mascarada comienza en el aeropuerto / di

El aeropuerto se ha transformado en la puerta de entrada aérea a las discotecas de Ibiza, en su más activo propagandista. En cuanto acceden al edificio desde las pistas, lo primero que se encuentran los recién llegados es una sala de recogida de maletas empapelada con múltiples anuncios de cerveza, fiestas y djs. Cada columna, cada pared, están ocupadas por carteles promocionales de las discotecas más relevantes, incluso con su parafernalia publicitaria. Parafraseando el nombre de una de esas parties, cuyos logos gigantes en cartón piedra han sido instalados a lo largo y ancho de esa recepción, lo que se encuentran allí quienes nos visitan es una auténtica mascarada, en su doble sentido de sarao y de farsa. Y si en ese espacio ya abruma el acoso publicitario, la inmersión en esa abusiva promoción del ocio nocturno prosigue, con más intensidad, si cabe, al atravesar la puerta de acceso al vestíbulo. De la fachada del aeropuerto, qué decir salvo que su aprovechamiento publicitario sería inconcebible (no sólo estéticamente) en cualquier otra instalación semejante. Los recién aterrizados deben pensar, al ser barridos por ese tsunami de publicidad discotequera, que en Ibiza sólo es posible divertirse de noche, con una cerveza en la mano y bailando, borrachos perdidos, hasta el amanecer. Que no hay nada más que eso, que no es posible hacer más que eso. De nada ha servido al Consell, especialmente a su presidente, Vicent Marí, protestar desde hace un par de años contra la conversión del aeródromo en un monumental escaparate del ocio nocturno. Aena se ha pasado por el forro las admoniciones de Marí y su empeño por evitar que ese edificio haga promoción de un sector que la institución insular considera inadecuado para la imagen idílica que, institucionalmente y en coordinación con el sector turístico, intenta vender de la isla. Pero la empresa pública va por libre: funciona como una máquina registradora a la que sólo le importa hacer caja, ajena a los intereses de Ibiza y despreciando los principios básicos de nuestra promoción turística. Aena, en ese sentido, cada vez se parece más a la Autoridad Portuaria, que desde tiempos inmemoriales ha hecho y deshecho a su antojo en el puerto de Vila.

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