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Opinión | Tribuna

La isla que abre discotecas y cierra campamentos

Caravanas de sa Joveria

Caravanas de sa Joveria / D.I.

Cada año, y cada vez más pronto, Ibiza estrena temporada. Abren las discotecas, se llenan los hoteles, los vuelos se multiplican y la isla vuelve a exhibir ante el mundo esa imagen de paraíso mediterráneo que tan bien hemos sabido construir y vender. Este año no ha sido diferente. Excepto que, mientras la maquinaria turística arrancaba motores, la isla también volvía a vivir el desalojo de dos asentamientos de caravanas, chabolas y tiendas de campaña habitados por trabajadores sin ingresos suficientes para alquilar una vivienda y ya no digo para adquirirla.

No es una imagen nueva. Pero sí es una imagen que, a estas alturas, debería avergonzarnos colectivamente. Van seis desalojos en dos años.

Y hay una realidad difícil de tragar, se desmonta el campamento, pero la gente no desaparece por arte de magia. Se mueve de un sitio a otro, cargando sus pertenencias, a la espera del próximo aviso. El problema no se resuelve. Se desplaza.

Con esto quiero ser muy claro, no estoy cuestionando la legalidad de estas actuaciones. Un campamento chabolista con riesgo de incendio, acumulación de residuos y condiciones de habitabilidad insalubres no puede ni debe perpetuarse. Lo entiendo y lo comparto. Pero conformarnos con que la solución sea el desalojo es un error que nos permitimos repetir demasiado cómodamente. Porque desalojar no es resolver. Es aplazar. Es mirar hacia otro lado y decir que aquí no ha pasado nada.

No defiendo que el Estado entregue viviendas. Defiendo que facilite el acceso a ellas. Hay una diferencia importante, y conviene no confundirla.

Existen iniciativas para desarrollar alojamiento para trabajadores de temporada, y están bien. Pero la gente que habita estos asentamientos, en su mayoría, no es temporal: está fija en la isla, trabaja en la isla, sostiene la isla. Y también necesita una solución. Una solución que no pasa por regalarles nada, sino por dejar de ponerles trabas a quienes podrían construir para ellos.

Los PRE (Planes Residenciales Estratégicos) y las AT (Áreas de Transición) son un buen punto de partida. Pero hay que seguir trabajando para que el promotor privado pueda desarrollar estas promociones sin perder dinero en el intento. Sin eso, el mercado irá siempre donde la inversión es más rentable. Y ya sabemos dónde es eso.

Hay otra palanca que a menudo olvidamos: el parque inmobiliario ya existente. Hay viviendas en la isla que no entran en el mercado del alquiler por desconfianza, por inseguridad jurídica, por falta de garantías. Trabajar en esa dirección (protegiendo tanto al arrendador como al arrendatario) puede movilizar oferta sin consumir ni un metro cuadrado de suelo nuevo. No se trata de elegir entre unos y otros. Se trata de sumar a todos.

Porque esto no es una cuestión de temporada. Es una cuestión de modelo. Y si la temporada empieza con desalojos, algo hemos construido mal. Y no me refiero a los campamentos.

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