Opinión
La ampliación que no pedimos, las viviendas que no llegan

Viviendas en construcción / Juan Antonio Riera
Con la temporada ya al 100% y el calor apretando, seguimos instalados en una realidad que parece ajena a la propia realidad. Hace pocos días conocíamos una noticia llamativa: se planteaba una ampliación del aeropuerto de Ibiza. La propuesta permitiría ganar una sala VIP más grande, una terraza... En resumidas cuentas más espacio y más inversión millonaria. Todo ello en una terminal que acaba de terminar su última reforma (si es que alguna vez ha dejado de estar en obras). Y para sorpresa de muchos, y mía la primera, todos los partidos políticos mostraron su oposición directa. Consenso unánime. En eso sí nos ponemos de acuerdo.
El problema es que luego toca despertar.
Porque fuera de ese acuerdo puntual sobre una ampliación que nadie había pedido, la realidad de siempre sigue esperando: la vivienda asequible que no llega. Parece que hay presupuesto para campos de fútbol o para ampliar terminales aeroportuarias. Lo que no aparece, año tras año, son incentivos para que promotoras privadas desarrollen viviendas a precio limitado o presupuestos para que la administración haga vivienda protegida.
Es cierto que ha habido cesiones de terrenos al Ibavi. Es un paso, y hay que reconocerlo. Pero quedan años para ver cualquier tipo de construcción en esas parcelas. Mientras tanto, las viviendas de Isidor Macabich siguen acumulando retrasos y sobrecostes, las de Ca n’Escandell ni siquiera han empezado, las de Sant Ferran en Formentera permanecen paradas, y varios otros proyectos de vivienda social no terminan de arrancar por falta de fondos o porque los costes de ejecución no los asume nadie. Ni el promotor privado ni la administración pública.
Llevamos tiempo avisando de la necesidad de apostar por un modelo nuevo. Uno en el que la vivienda no sea tratada exclusivamente como un bien de inversión, pese a quien le pese, y pueda empezar a funcionar como lo que es: un bien esencial. Está claro que debe seguir existiendo un mercado libre donde el precio lo fije la demanda y quien quiera entrar sabrá a lo que se enfrenta. Pero junto a ese mercado libre necesitamos, con urgencia, un mercado regulado capaz de cubrir las necesidades básicas de cualquiera que quiera hacer su proyecto de vida en Ibiza, en Formentera, o en las Balears. Cualquier residente debería tener la posibilidad de acceder a una vivienda sin competir contra compradores de mayor presupuesto.
Si no empezamos a tomar decisiones valientes, estamos condenados a vivir en un bucle cerrado: siempre habrá de lo que no pedimos, y de lo que necesitamos solo nos acordaremos cuando, mirando atrás, nos demos cuenta de que aquello que creíamos insostenible era, en realidad, lo mejor que tuvimos.
Lluís Oliva i Munar es presidente de la Demarcació d’Eivissa i Formentera del Col·legi Oficial d’Arquitectes de les Illes Balears
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