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Opinión

En el día de la rosa

No hay nada mejor que pasar tiempo de calidad en una fiesta entre amigos y, si el servicio es excelente, la velada es incomparable

Una playa de Formentera

Una playa de Formentera / P.M.V.

Antes de seguir tengo que confesarles que, a la hora de desempolvar una mañana de viernes, sin ser santo, ni de dolores, este ordenador (nostalgia de la lettera 43) quisiera aclararles que aquello de la ‘objetividad’ (nunca existió) que aprendes en el sufrido oficio de periodista, en este artículo ni está, ni se la espera.

Lo de la flor es porque a uno le viene a la mente las muchas fiestas de la rosa en Montecarlo con boato y Grace Kelly, robadas a la revista ¡Hola! (tengo que decirles que además de la peluquería, la ojeaba en la redacción, sin mea culpa concebida). Era la primavera con sabor a verano en la Costa Azul. Viene a cuento porque un 20 de mayo, del año 20 de mi residencia real y tributaria en Formentera. Y aunque La Pera escribió y Gardel popularizó aquello de ‘20 años no son nada’, a mí me parece media vida.

‘Valentín, a lo serio’ dirá el primer lector de esta crónica. Pues vamos. Si la fiesta en Mónaco merecía fotos y algún que otro párrafo generoso en lisonjas, tengo que decir que ese 20 aniversario de Can Carlos (ustedes saben dónde está) con Silvia de anfitriona merece una portada y páginas interiores de las revistas más acreditadas del sector. Entre platillos del chef, champangne a gogó (que no falte de nada) gente vestida para la ocasión (otros non) carreras de los/las aguerridos camareros y la atención, al compás del estrés, del jefe de sala. Con Silvia mostrando su personalidad singular donde las haya (aunque me tachen de pelota, que lo soy) regaló sonrisas a los merecedores de su consideración e incluso (me da a mí) que aquellos con los que no debería ser tan solícita, pero le puede su generosidad. Allí comenzó a escribirse esta crónica y no quisiera que fuera de ‘sociedad’ perdida en la sala de la peluquería de Sonia (por cierto, estaba con Débora).

Dicho esto, como testigo escrito de lo que fue un acontecimiento social. El lugar y el momento, noche de miércoles, me llevó hasta algunas personas, presentes en el evento, que a lo largo de estos 20 años ‘rambleando’ por la isla se han convertido en referencia obligada y de los que voy aprendiendo modales y hasta mantenerme con cierta lejanía de lo trascendente. No puedo reproducir lo que sería el listado de las páginas amarillas, pero sí quiero circunscribirlos a dos personas con las que hemos compartido vivencias que resumen la amistad. ¿Verdad amigo Pelayo y amigo David? Silvia, muchas gracias.

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