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Opinión

La nula credibilidad de Aena

Fachada de la sede central de Aena

Fachada de la sede central de Aena / Alejandro Martínez Vélez

En paralelo al aluvión de críticas que han seguido coleando esta semana por el proyecto faraónico de ampliación del aeropuerto que pretende llevar a cabo Aena, en contra de toda la sociedad ibicenca, han ido publicándose nuevos detalles que acentúan el tamaño de la desproporción. Una actuación que, como decíamos la pasada semana, la compañía ha puesto en marcha sin informar previamente –no digamos ya consultar–, a las instituciones locales, en línea con el despotismo habitual e histórico de la Administración General del Estado.

Hay un dato que no conocíamos y que ilustra el disparate: las obras supondrán un crecimiento de la superficie aeroportuaria del 29%, incrementándose todas las plantas. Después de las obras interminables y el caos vivido durante años por la construcción del nuevo aparcamiento, ahora planean otro estacionamiento de 8.000 metros cuadrados cerca de la torre de control, el soterramiento del Torrent de sa Font y el desvío de 700 metros del Camí des Codols. Una expansión en toda regla, más allá de las instalaciones conocidas.

Todo ello sumado a los detalles ya mencionados con anterioridad, como que prácticamente se doblarán las puertas de embarque, pasando de 17 a 32, se instalarán nuevos comercios y locales de hostelería, y se creará una macrosala vip de 2.000 metros cuadrados, con una inversión global de 230 millones de euros.

Ante el escándalo generado, Aena ha trasladado unas explicaciones tibias e insuficientes, en las que ha dicho que “el objetivo de las actuaciones no es conseguir un incremento de la capacidad del aeropuerto, sino modernizar las infraestructuras, adaptándolas a los nuevos requisitos de la normativa de seguridad europea para mejorar los niveles de calidad y seguridad del servicio”.

Aena, que también nos tiene sometidos a una obra permanente en el interior de la terminal, sostiene que Menorca tiene más fingers que Ibiza, con menos de la mitad de pasajeros. Como si eso significara algo, cuando viene de una empresa que ha construido terminales por todo el país, con una inversión salvaje de dinero público, que hoy son infraestructuras yermas. Podemos, por ejemplo, hacer la comparativa con las puertas de embarque que hay instaladas en los aeropuertos de Albacete, Burgos, Huesca, Salamanca o cualquier otra de esas instalaciones por las que no pasa un solo pasajero al año o, en todo caso, cuatro gatos. Allí seguro que la ratio de viajeros por finger también es mucho más reducida que la de la isla. El problema, por tanto, tal vez no sea de insuficiente zona de embarque, sino de sobredimensionamiento en Menorca.

Los directivos de Aena, en todo caso, deben pensar que los ibicencos somos unos bodoques a los que dar gato por liebre sin que nos inmutemos. Las explicaciones ofrecidas no tienen el menor atisbo de credibilidad y una entidad privatizada al 49%, que cotiza en bolsa, no invierte más de doscientos millones de euros sin la previsión de recuperarlos a través de un crecimiento estratosférico de la actividad.

Aena no sólo ha convertido la terminal en un parque temático publicitario de las discotecas y beach clubs, empapelando de anuncios de fiestas tanto los interiores –incluido un nuevo panel gigantesco sobre las puertas de salida de la zona de recogida de equipajes, que produce urticaria a todo aquel que no sea aficionado a la fiesta–, como en la fachada y hasta en los jardines. Además, ahora pretende incrementar los vuelos comerciales y multiplicar los jets privados, para seguir ordeñando la ubre ibicenca, pasando por encima de la sostenibilidad y las necesidades de estabilidad territorial que requiere la isla.

Ayer mismo, leíamos que montones de turistas tuvieron que pasar tres horas haciendo cola para que les sellaran el pasaporte en es Codolar, con un calor sofocante e insoportable. Si Aena quiere mejorar las condiciones de los pasajeros, que invierta en incrementar los recursos humanos, proporcionar residencia a los trabajadores que lo necesiten, climatizar adecuadamente la terminal y dejar de torturar a los usuarios tratándolos como ganado.

Y siguiendo con este maltrato sistemático por parte de la Administración central, no se puede dejar de comentar la vergonzosa actuación del Ministerio de Justicia, que ha dejado a los juzgados de Ibiza sin el técnico informático que solucionaba los contratiempos que se producían a diario. Ahora los funcionarios tendrán que llamar a un soporte telefónico que, al parecer, comunica constantemente.

Si ya sufríamos retrasos insoportables, qué pasará ahora sin un especialista que atendía a 200 usuarios y 250 equipos informáticos de sobremesa, portátiles y tabletas, además de dar soporte al sistema de grabación para juicios y vistas, sin el cual éstos no pueden celebrarse. Eso sin contar con la falta de respeto y humanidad que supone poner de patitas en la calle a un trabajador que, según sus compañeros, ha cumplido el servicio con eficiencia durante 24 años. Lo dicho, de vergüenza.

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