Opinión | Para empezar

Portadista y redactora
Mi hijo me habla en catalán

Una imagen del Correllengua Agermanat, cuya llama llegó a Eivissa tras su paso por muchos de los lugares catalanoparlantes del continente. / di
Al principio eran palabras sueltas, pero ya compone frases. Mi hijo me habla en catalán, o en eivissenc. El castellano es su idioma materno y también el mío, pero él ha nacido en Ibiza y esa maravillosa plasticidad que tiene el cerebro a los cinco años obra esa mezcla de lenguas a la que, a veces, también se suma el inglés. Aún le cuesta oír de mí los cuentos en catalán. «Mamá, habla normal», me dice cuando leo de forma literal los textos de sus libros de la biblioteca viajera o algunos sacados de la biblioteca municipal de Santa Eulària. Ahora conversamos en eivissenc a ratitos. Cuando él no sabe una palabra, se la inventa y le quita la última vocal, como hacía el Luisma, el personaje interpretado por Paco León en ‘Aída’. Habla despacio, pensando cada paraula. Yo le contesto y, com un joc, seguim parlant hasta que volvemos al castellano.
Si al expresidente del Gobierno José María Aznar le gustaba hablar catalán en la intimidad, a mí me pasa algo parecido, y no solo con mi hijo. M’agrada molt sentir-ho en la meva parella, sobretot quan m’ho xiuxiueja a cau d’orella. Mi compañero se ríe cuando le pido que me hable en eivissenc, pero ese sonido me parece música cuando es él quien lee los cuentos que a mi hijo le cuesta oír de mi voz en un idioma en el que no me siento segura.
Por eso le hablo en castellano a un colega de la prensa cuando necesito pedirle información. Prácticamente siempre, él me contesta en catalán. En un suceso reciente había dos palabras en un audio suyo que no conseguía traducir y los ibicencos de Es Diari me ayudaron a descifrarlas. Al día siguiente, le escribí en catalán a este compañero. Cuál fue mi sorpresa cuando él me respondió en castellano. Sonreí.
Aunque mi pronunciación nunca roce la perfección y jamás me vayan a contratar en una televisión o una radio d’aquesta illa, disfruto con mi hijo de esas conversaciones lentas. También de cuando cantamos las canciones de la Escola de Música y me corrige: «Así no, mamá, así: la viola i el violí són els germans petits...».
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