Opinión | Para empezar

Directora de Diario de Ibiza
Una serpiente en pleno centro del pueblo

Algunas de las serpientes capturadas en Ibiza / AAVV es Fornàs
Martes, 23 horas, Sant Jordi. Kira olisquea con curiosidad un árbol de la calle de la iglesia. De repente, algo se mueve y rompe la paz del pueblo desierto. No sé quién se asusta más, si la perra, yo, la serpiente que estaba tan tranquila hasta ese momento o mi tía, con la que iba hablando por teléfono y a la que casi reviento el tímpano del grito que pego. La culebra se aleja reptando perezosa hasta el muro del cementerio, en busca de un escondrijo con menos sobresaltos. Mientras mi tía está al borde del infarto, porque no sabe si soy víctima de un terrible ataque o he metido la pierna en una alcantarilla mal tapada, me invade la decepción: no he sido capaz de grabar ni de hacer una mala foto aunque llevo el móvil en la mano. Todo es demasiado rápido y no hay luz, y además estoy en shock: hay una culebra en el centro del pueblo. Delgada, como de un metro, bastante más larga que mi perra, que me mira fijamente, transmitiéndome este mensaje claro: «no cuentes conmigo, yo ratones, cucarachas y moscas sí, pero de esta extraña criatura, paso». Sola ante el ofidio, sé que la tendría que matar, como ciudadana responsable y resolutiva ante la invasión de serpientes que está provocando una catástrofe ecológica en Ibiza, pero ¿cómo? ¿La piso, con el zapato de cuero blanco y suela fina? Puaj, lo descarto inmediatamente. ¿Busco una piedra y la atizo? No hay ninguna. La única arma que tengo a mano es el móvil. Imaginar una escena tan poco épica me quita el escaso valor que me queda. Como es lógico, a estas alturas la serpiente ya ha desaparecido, y también mis opciones para acabar con ella. Siento alivio, lo reconozco. Pero son excusas que no sirven de nada en una redacción donde lo único que importa son las pruebas materiales. Y efectivamente, cuando lo cuento, mis compañeras lo primero que me dicen, defraudadas, es ¿y no lo grabaste? Lo sabía.
Es la segunda vez que veo una serpiente viva en Ibiza. La primera fue en los jardines del Diario, y ahí sí que reaccionamos rápido y pudimos documentar de forma adecuada y profesional el episodio. Cuando oímos el jaleo provocado por la rastrera aparición, una colega y yo acudimos corriendo con los móviles desenfundados, al grito de «tú vídeo, yo fotos» (casi nos despeñamos por las escaleras), mientras otro compañero se enfrentaba a la especie invasora con una chancla y una destreza propia de Indiana Jones. Está visto que no soy nadie sin mi equipo.
Un jardín es un ecosistema más propio para una serpiente, pero ¿una calle de pueblo junto a la plaza pavimentada, con parque infantil y por la que pasan decenas de personas al día, además de bicis y perros? La invasión de culebras es imparable, el desastre tantas veces anunciado que ya está aquí. Agazapado en un árbol en el centro de tu pueblo. Por cierto, mi tía también me preguntó si lo había grabado.
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