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Opinión | Para empezar

Sanguijuelas

Sandías plantadas en Ibiza

Sandías plantadas en Ibiza / Antonio Planells

Me lo presentan como si fuera un personaje ejemplar, un superhéroe, porque ha decidido dedicar casi todos sus esfuerzos a la agricultura ecológica, a revivir el campo, a salvarlo de su abandono. Mola ser ecoagricultor. Él mismo se pone como ejemplo de lo que todos los propietarios de fincas deberían hacer para rescatar a la isla, para recuperar su imagen bucólica del pasado. Eso sí, a superhéroes como él, añade, les vendrían bien más ayudas de la Administración, porque las que se otorgan son pocas. Paralelamente, se dedica al sector inmobiliario: alquila casas. Actúa, sobre todo, como intermediario, pues arrienda casas de otros, no solo las propias. ¿A qué precio? A cantidades que, particularmente, le digo que me parecen obscenas. Él las considera normales: de 1.500 euros en adelante. Cuando le objeto que pocos salarios dan para sobrevivir con alquileres como esos (de usura) que menciona, reconoce que, efectivamente, el drama de la vivienda (al que él mismo aporta su grano de arena) también le provoca serios problemas: no encuentra suficiente mano de obra para trabajar en sus fincas de modélica agricultura ecológica. Admite que, con las cantidades que se piden (que pide), es lógico que no vengan a Ibiza labriegos (ni trabajadores de otros sectores). ¿Y por qué alquila entonces a esos precios? Porque son los que hay, responde. Que es como lo que dijo el escorpión al cocodrilo tras picarle en medio del río: es mi carácter. Quien se queja es, al mismo tiempo, qué enorme paradoja, parte esencial del problema: se aprovecha de la dramática situación habitacional y, a la vez, se pega un tiro en el pie, pues con su codicia zancadillea su propia actividad económica. Es posible, incluso, que le conduzca a la ruina si, por ejemplo, sus sandías acaban pudriéndose porque no tiene quien le recoja. Es a lo que conduce la usura, que hunde esta isla poco a poco, año a año, ante la que no se actúa desde las administraciones, que nos ciega y convierte en inconscientes. Lástima que este superhéroe no se dedique únicamente a la agricultura en vez de chupar la sangre, como una sanguijuela, al prójimo.

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