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Opinión | Tribuna

Fiesta flotante en Formentera: ¡Aquí no pasa nada!

Fiesta sobre embarcaciones en el litoral de Formentera

Fiesta sobre embarcaciones en el litoral de Formentera / Javi Parejo

Empieza la temporada en Formentera con ansia. No me refiero a los corredores de la media maratón del pasado fin de semana, sino a aquellos que tienen bastante dinero como para pasarse por el forro la legislación vigente. En este caso son los visitantes más poderosos e irrespetuosos que podemos recibir, siempre con los brazos abiertos, porque entran en la franja del ‘turismo de calidad’: la mayor engañifla inventada.

Es una imagen tomada entre los pinos que pueblan sa Pujada de la Mola. El zoom del objetivo captura la escena: 30 yates de recreo (seguramente chárter) abarloados formando un arco y en frente, a pocos metros, un barco más grande de donde sale la música a todo volumen, según el relato de los tímpanos consultados, como si de una discoteca al aire libre se tratara. Alrededor de esta flota se distinguen embarcaciones auxiliares, decenas de planchas de recreo y unas cuantas motos náuticas cuyos conductores se empeñan en demostrar sus habilidades dibujando círculos y recortes acompañados de grandes acelerones. Y la música sigue sonando para disfrute de los amantes del ruido y suplicio de los turistas de la zona que debían pensar que Formentera era la isla de la calma y de la tranquilidad.

Todo esto ocurrió el pasado domingo en es Racó de sa Pujada, cerca de es Caló de Sant Agustí. Uno de los enclaves naturales más auténticos que dibuja un anfiteatro entre pronunciados acantilados. Una zona declarada Lugar de Interés Comunitario (LIC) y que, aunque no está en los límites del Parque Natural de ses Salines, goza de los mismos niveles de protección. Es decir: están expresamente prohibidas este tipo de actividades. Lo dice una Ley del Govern balear de 2016 que prohíbe la realización de «fiestas en barcos» en todas las zonas protegidas de esta comunidad. En el caso de Formentera es la totalidad de su litoral. Por mucha protección que tengan las zonas naturales, si no se las dota de medios humanos y recursos para su correcta vigilancia, especialmente cuando empieza, y durante, la temporada todo queda en papel mojado, desdibujado y sin efecto.

Visto desde los barcos estos visitantes seguramente vienen a cumplir el sueño que les permite su billetera. Les preocupa poco el patrimonio natural y cultural. Es más, son tan inconscientes que ni lo consideran, piensan que forma parte de su disfrute y que lo pueden pagar con dinero. Creo que a eso es a lo que llaman ‘turismo de calidad’.

Recuerdo, hace casi veinte años, a la exconsellera y exdiputada de Formentera Silvia Tur, que se plantó ante el negocio de los ‘party boats’. En esa época el ‘lobby’ del sector estaba muy bien organizado: barcos de excursiones fletados para seguir la fiesta por la mañana tras la noche discotequera. Un bucle de alcohol y drogas que podía durar más de 24 horas. Hubo por lo menos dos accidentes que acabaron en muerte (me remito al archivo) por caídas al agua. Entonces el Govern entró en razón y prohibió estas discotecas flotantes en todo el archipiélago. Durante esos años de permisividad, esas empresas gozaron de una impunidad total e hicieron una suculenta caja.

Ahora se trata de lo mismo pero para ricos. Las nuevas empresas deben pensar que repartiendo, en yates de lujo, a un número suficiente de personas como para sacar rendimiento a sus barcos ya tienen resuelto el negocio. Pero no pasa nada: ¡aquí no pasa nada! El turismo de experiencia y de ‘calidad’ lo permite todo. Especialmente a aquellos visitantes o turistas que deciden que en las islas pueden hacer lo que no se les ocurre hacer en sus respectivos pueblos. Una experiencia más artificial que real, que aprovecha y explota recursos naturales en su beneficio y no deja nada.

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