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Opinión | Para empezar

Samia Khenien

Samia Khenien

Redactora

Ir al trabajo en autobús en Ibiza

Uno de los nuevos autobuses en el Cetis.

Uno de los nuevos autobuses en el Cetis. / Toni Escobar

Voy cada día en bus al trabajo. Creo que quien tenga que moverse en transporte público en esta isla para ganarse el sueldo, sabrá de lo que le hablo a continuación. En verano, colas tan largas que parece que los del final van a necesitar dos buses más para poder entrar. Volver de hacer trabajo físico y no poder sentarte los 40 minutos que dura el trayecto porque hay 100.000 turistas que han podido llegar antes que tú. Esperar al sol en el Cetis un autobús que va con retraso mientras se te derrite el cerebro.

Yo aún tengo la suerte de que trabajo de día (muy importante) y vivo en un núcleo poblacional grande y que normalmente voy a la redacción en el centro de Ibiza, pero me pregunto: los que hacéis tardes hasta las tantas de la noche, ¿cómo volvéis a casa sin coche? Los que vivís en Sant Vicent de sa Cala y otros núcleos poblacionales más aislados, ¿podéis ir a Vila a trabajar en transporte público?

Soy una firme defensora de esta manera de desplazarse, quiero que el transporte público sea gratuito y quiero seguir yendo al trabajo en él y lo haré. Pero cada día tengo más ganas de dejar de usarlo. Los nuevos autobuses están muy bien, sobre todo para los turistas que no dependen de horarios confiables. Para gente que necesita usar el bus de las 10 horas para llegar a su puesto de trabajo y que se encuentra con que el bus de las 10 horas no existe, que va con tanto retraso que se asemeja más al de las 10:20 horas y que, encima, va a ir lleno, quizás le compensa más gastarse el sueldo en gasolina. Para no perder todo su empleo, más que nada.

Un día de abril tuve que ir a Cala Llonga a cubrir un evento. Voy a la parada para volverme a Ibiza y redactar la noticia, cuando me encuentro con que el siguiente autobús venía en tres horas. No me sobran tres horas, por lo que le pedí a un repartidor que había parado a ver si me podía llevar a donde quiera que fuera. El hombre, muy amable, me llevó a Santa Eulària y desde allí ya me pude ir hasta Ibiza y menos mal: si no sería tres horas más pobre.

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