Opinión
Vivir sin vivienda

Viviendas en Ibiza
Con la temporada recién comenzada y la isla sumergida ya en la vorágine turística, no parece momento de escribir sobre el problema más serio que afecta a nuestra isla, aunque no el único: el de la vivienda. Un problema que va más allá del triste hecho de que quien viene a trabajar no encuentra dónde vivir, sino que quien ha nacido y reside aquí de toda la vida tampoco tenga dónde hacerlo y deba irse. Un drama y una injusticia en toda regla.
Durante los meses invernales de cierta tranquilidad, desde diferentes ámbitos y por multitud de expertos, se ha debatido, hablado, expuesto y hasta sacado de la chistera soluciones al problema. Vaya por delante que yo pienso que no la tiene, ni real ni ficticia. Aquí todo pasa por reducir la presión poblacional (turistas y residentes) sobre los escasos 572 km² con los que cuenta este pequeño territorio. Pero claro, de esta solución casi nadie quiere oír hablar porque implica decirle no al dinero. Lo que sí deleita los oídos es la posibilidad de construir más, aunque a renglón seguido se reconozca que el común de los mortales no podrá comprar.
Yo, que suelo echar un vistazo a la prensa cada día, me he topado con titulares, noticias y anuncios de lo más variopinto e imaginativo, pero prácticos y realistas, ninguno. Me llamó mucho la atención uno donde un padre y su hijo buscaban un piso en el centro de la ciudad de Ibiza, y ofrecían pagar a razón de su bolsillo. Hemos de reconocer que más honesto no se puede ser, e imaginar que no podían llegar ni de lejos a las locuras que se piden. Pero estoy seguro de que no han encontrado nada.
También se han organizado conferencias para «reimaginar el concepto de vivienda» en la isla. No veo que haya nada que reimaginar en tal concepto, más allá de ver como viviendas las chabolas construidas con palés, cartones, lonas y plásticos, o las furgonetas adaptadas. Una vivienda es lo que es, no se le puede dar vueltas, y ha de reunir una serie de condiciones, más allá o más acá de que sean grandes, pequeñas, lujosas, humildes, nuevas, viejas, caras o baratas. No vayamos de listillos a decirles a los demás cómo tienen que vivir.
Más titulares donde los juegos de palabras son auténticos equilibrios circenses: «Expertos llaman a repensar el modelo de vivienda en Ibiza desde una mirada colectiva y multidimensional». Y todo esto dentro de un ciclo de conferencias organizado por el Colegio de Arquitectos. Necesito pensar que no se referían al hecho de compartir un piso de manera colectiva dos o tres familias, cada una de ellas metida en una habitación y usando por turnos y de manera colectiva cocina, salón y baños. O peor aún, compartiendo la habitación y haciendo uso de la cama por relevos. O del sofá. Y no estoy siendo exagerado, que todo esto ya ocurre. Y cuando hablan de multidimensional, espero que no se refieran al hecho de convertir el dormitorio en salón, cocina, comedor y sala de estar, todo en uno y todo junto. O, como también se ha leído, que las condiciones de alquiler incluyan el número de horas que puede estar la tele encendida o el número de días que te puedes duchar a la semana.
A esta película de terror hay que añadirle la cruda y durísima realidad del informe de la Fundación Foessa, en el cual aportan datos inadmisibles para una sociedad occidental. Datos que dejan a este modelo de crecimiento y desarrollo muy mal parado, y datos de tal magnitud que ninguna política social ni económica va a ser capaz de revertir o mínimamente mitigar. Cuando el precio de la vivienda usada sube un 13% en un año, no queda otra que irse a vivir debajo de un puente, algo también difícil en Ibiza, pues apenas los hay.
Pienso que tampoco se trata de buscar culpables ni personalizar, por largo que sea su número, pues todo esto es fruto de una serie de acontecimientos y circunstancias que empujan en la misma dirección, aplastando primero al más débil y necesitado, pero su ímpetu está siendo tan fuerte que ya está aplastando a casi el 40% de la sociedad ibicenca, obligándolos a vivir sin vivienda, algo que se está demostrando año tras año que se puede hacer. Como se puede, desgraciadamente, vivir sin una pierna o sin un brazo. También, sin ninguno, llegado el caso.
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