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Opinión | Para empezar

Cristina Martín Vega

Cristina Martín Vega

Directora de Diario de Ibiza

Sobre multas a puteros y una violación en el hospital

Venta ambulante en una playa de Ibiza

Venta ambulante en una playa de Ibiza / Marcelo Sastre

Yo me pregunto: si se puede sancionar a quienes compren cosas a los vendedores ambulantes, como va a hacer Sant Josep, ¿por qué no se ponen multas a los puteros? Habrá quien levante la ceja y piense que qué tendrá que ver una cosa con otra. Pues mucho. Sant Josep quiere erradicar la venta ambulante y al multar a los compradores con hasta 750 euros, su objetivo es que se reduzca la demanda. Es un principio básico de economía: si no hay demanda, no hay oferta. Pues con la prostitución pasa lo mismo: sin puteros no hay negocio, no hay explotación sexual de mujeres. No hay violaciones pagadas. La argumentación del Ayuntamiento respecto a la venta ambulante es que en lugar de enfrentarse al problema solo desde la oferta, de esta forma penaliza también a quienes demandan los productos. Cierto, buena estrategia. ¿Por qué no se toma la misma decisión con respecto a los hombres que están alimentando el negocio de la esclavitud sexual, que están pisoteando los derechos humanos de mujeres, tratadas como escoria?

Aprovecho esta breve reflexión dominical para hablar también de un asunto gravísimo que ha ocurrido esta semana: la violación de una paciente hospitalizada en Can Misses. Empiezo por lo obvio: ¿cómo es posible que un individuo entre a un hospital por la noche y viole a una enferma en su propia habitación? Es un fallo de seguridad tan estrepitoso que espero que se depuren responsabilidades, y que se adopten las medidas necesarias para que esto no vuelva a ocurrir jamás. A la víctima ya nada le va a servir para recuperarse de semejante trauma, pero alguien tiene que responder por estos gravísimos hechos. Y dicho esto, me sorprende que la nota de la Policía Nacional (por cierto, hay que aplaudir que detuviera al agresor con tanta rapidez) diga que «la mujer, en un acto de gran valentía» pulsó el botón para pedir ayuda, después de que el agresor la amenazara con cortarle el cuello si lo hacía. ¿Y si se hubiera quedado paralizada por el terror, como les ocurre a muchas víctimas, no habría sido valiente? Cuidado con estas expresiones, porque ponen el foco en la reacción de la víctima, juzgan sobre si reaccionó «bien» o «mal». Y donde tiene que estar la lupa es en el agresor.

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