Opinión | Para empezar
Agua del tiempo, please

Paraguas en una calle de Ibiza este año / Toni Escobar
Una pareja joven, calada hasta los huesos, intenta retirar el agua de su escasa indumentaria refugiada en la terraza de un bar del Eixample de Ibiza, esa gran ciudad que se anega con cuatro gotas y que además regala trampas ‘gabonis’ en forma de baldosas movedizas rellenas de líquido putrefacto. Una delicia. Pues bien, la pareja logra secarse a medias mientras llega el camarero, que displicente les pregunta lo que les tiene que preguntar, claro: «¿Qué vais a tomar?». «Dos aguas», contestan los jóvenes, todavía liados en la compleja tarea de quitarse de encima las pocas gotas de esa deliciosa lluvia que no a todos gusta. «¿Las queréis frías?». «No, del tiempo».
Tras este comentario, sobre cuyo acierto dudo que reparen, tengo que retirar el paraguas para confirmar que sí, que cae la del pulpo gracias a este tiempo tan absurdo que nos está tocando vivir. Este viejoven no puede dejar de pensar que, efectivamente, este mes de ‘maryo’ tiene más de invierno que de preverano.
Como no tengo ni puñetera idea de meteorología, como de tantas otras cosas, y me encanta polemizar, apuesto por culpar de esta distopía al cambio climático. Qué osadía, qué desfachatez (qué bien me viene este sustantivo), me echarán en cara algunos. Entre ellos esa caricatura de presidente estadounidense que siembra la vergüenza y el pavor allá donde va. Un Atila moderno. ¡Pero qué cambio climático ni qué misiles, hombre, que esto ha pasado toda la vida del señor! Poca ciencia puede discutir tamaño razonamiento.
En fin, que mientras avanzo pesaroso hacia Es Diari (lo haría alegre y saltarín hacia la playa, pero no es el caso) tres jóvenes turistas (les delata su tez rosácea, entre otros detalles) corren despavoridas como si en su Escocia o Irlanda o Bélgica natal no cayera una puñetera gota. Estoy por refrenar mi triste paso para explicarles que, según la Aemet, la lluvia será agua pasada en unas horas. Pero ni saben qué puñetas es la Aemet ni creo que hagan caso a un descerebrado bajo un horroroso paraguas de mustios colores marrones.
Toca apechugar con lo que hay y rogar a todos los dioses que se les ocurra para que el Pato más poderoso del planeta se equivoque y solucione la crisis de Irán. O eso o nos quedamos sin turismo. Con lo bucólico que resulta ver correr pieles rosas por las calles, oyes...
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