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Opinión

Visito el Parador

El trabajo que se ha hecho es formidable

Primeros clientes en el Parador de Ibiza

Primeros clientes en el Parador de Ibiza / Sergio G. Cañizares

Cuando hace unos días visité el Parador, confirmé la buena impresión que había tenido a partir de algunas fotos publicadas en estos papeles. El trabajo que se ha hecho es formidable y el resultado no recuerda en nada a los arruinados y grises pabellones militares que eran una vergüenza y hemos tenido durante demasiados años en el Puig de Vila. Al margen de la buena arquitectura y de la atmósfera elegante, sobria y encalmada, que Paradores sabe crear, el nuevo establecimiento suma dos activos que le dan exclusividad. Por una parte, su ubicación en el ápice de la ciudad-anfiteatro que es Dalt Vila, con una visión de 360 grados que alcanza la geografía interior de la isla, el llano de las Salinas y, por el sur, la prodigiosa marina de los Freos y Formentera. El Parador es también único por los vestigios arqueológicos de la ciudad primera, que nos hacen retroceder casi tres mil años en un anclaje –tercera singularidad- que desde entonces ha estado habitado de forma ininterrumpida.

De entrada me extrañó la falta de indicativos que identificaran tales vestigios, pero me consta por el Departamento de Cultura, Educación y Patrimonio, que el Consell tiene solicitada información al Ministerio de Industria y Turismo sobre el desarrollo del plan de musealización, interpretación y puesta en valor patrimonial asociado al Parador, incluyendo las actuaciones ejecutadas, las pendientes y el calendario previsto para su completo desarrollo, así como conocer qué mecanismo de seguimiento se han previsto para garantizar el cumplimiento íntegro de los compromisos patrimoniales y de accesibilidad pública vinculados al proyecto. Asimismo, se ha solicitado salvaguardar la denominación tradicional del bien histórico convertido en Parador de Turismo: Es Castell. Por cierto, un cliente del Parador me vio mirando los restos arqueológicos y me preguntó si sabía qué estábamos viendo. Me excusé. Sólo pude decirle que en aquellas piedras, en tiempos fenicio-púnicos, nació la ciudad. Confieso que no poder ser más explícito me incomodó. Cabe esperar que el Ministerio sea diligente en su respuesta.

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