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Opinión | Para empezar

«Virgencita, ¡que me quede como estoy!»

Vista aérea de la playa de Migjorn, en Formentera

Vista aérea de la playa de Migjorn, en Formentera

Me voy de Formentera una semana a la península de visita familiar y menudo cuadro me encuentro al volver. Han pasado cosas muy desagradables que han requerido de la atención mediática, como la agresión a un actor en una calle de Sant Ferran al grito de «encima maricón», y un caso de abuso sexual a una mujer en el baño de un bar (todo presuntamente, claro).

También han visitado la isla, y así ha quedado reflejado en los medios, varias decenas de personajes trajeados, ellos y ellas, para escenificar una Conferencia de Presidentes que originó una lluvia de millones a cuenta de la guerra en Irán que ni la Lotería de Navidad y la del Niño juntas.

Y luego han pasado y siguen pasando cosas más discretas que van dejando un poso de desaliento y preocupación entre la población, que afronta con un puntito de desazón la llegada, un año más, de las hordas de turistas (los ricos también conforman hordas).

Las redes sociales y las aplicaciones de mensajería bullen con ofertas de trabajo en las que lo primero que se especifica es que no se ofrece alojamiento. A estas alturas faltan muchísimos cocineros, camareros, personal del servicio de habitaciones y dependientes de comercios, pero también electricistas, albañiles y pintores en una isla que cada vez se parece más a un decorado de función de fin de curso infantil: bonito por fuera pero vacío y sin nada ni nadie que lo sustente por dentro.

Las peticiones, ruegos y hasta súplicas de una vivienda semi decente llenan el mundillo paralelo de la comunicación virtual y, quien más y quien menos, ha recibido ya un Whatsapp del estilo: «Oye, ¿no sabrás de nadie que alquile una habitación para este verano?»

Caso aparte son los reiterados robos de bicicletas o de la gasolina de las motos aparcadas en la calle. Que ya hace falta ser ruin para dejar sin medio de transporte a un humilde trabajador.

Podríamos estar peor, eso sí. Por ahora Mr Trump no ha decidido anexionarnos para venir a tomar el sol en verano y las ratas de las Pitiusas solo dan «asquete», no propagan virus. «Virgencita, ¡que me quede como estoy!».

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