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Opinión | Para empezar

Samia Khenien

Samia Khenien

Redactora

La muerte de la madre de tu mejor amiga

El 28 de abril falleció la madre de mi mejor amiga. Me llegó el mensaje mientras cenaba con mi familia para celebrar el cumple de mi hermano. Lo dije en la mesa, mi madre se puso a llorar inmediatamente. La conocía de toda la vida, además de saber lo mucho que importaba para mí. Yo no solté ni una lágrima durante toda la cena, cosa que si alguien me conoce, sabrá que es inverosímil. Cayeron cuando llegué a casa y los días siguientes a su muerte, incluyendo el momento de escritura de este artículo.

Antes de su muerte, mi amiga ya me había avisado de que le habían dicho que no le quedaba mucho. Hice una petición que si hubiese sido en otro lugar de trabajo posiblemente me hubieran denegado: ir al entierro aunque cayera en día laborable. Se me concedió, pero no todo el mundo tendrá esta suerte. Ella y yo no teníamos ningún lazo familiar, ni su muerte tenía por qué impedirme ser productiva. Pero la vida no va solo de lazos de sangre. Ella era la madre de mi mejor amiga, una mujer que conozco de antes de tener consciencia. Alguien que me di cuenta más tarde en la vida que era la mujer que era. Alguien que había traído al mundo a una de las personas más importantes en mi vida.

El día anterior a su entierro, su familia y el Diario me concedieron el honor de escribir un obituario en su memoria. Creo que no había sentido mi garganta comprimirse de esa manera desde la muerte de mi propia abuela, que era como una madre para mí.

El día de su entierro fui a trabajar por la mañana, hasta que me dejaron escabullirme e ir a Pompas y luego al entierro. Me mantuve todo lo fuerte que pude, pero los sollozos desesperados de su mejor amiga se han quedado grabados en mi memoria.

De alguna forma, quiero pedirle a todos aquellos que son jefes que sean comprensivos. Que no solo pueden doler las muertes de tus familiares, sino las de otras personas también. Si no hubiese podido estar en el entierro, apoyándola, no sé qué sería de mí. Un enorme «gracias» a mis jefes.

Y a la madre de mi mejor amiga: ‘Gracis’ per portar-la al món. La cuidarem, per sempre.

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