Opinión | Para empezar

Portadista y redactora
Vivir en la postal de Dalt Vila
«Se alquila». El bar Es Cafetí no ha sobrevivido a las obras de Dalt Vila y el propietario del local ha colgado un cartel en busca de nuevo inquilino. Era uno de los pocos establecimientos del barrio donde tomar algo fuera de temporada, uno de esos lugares que daban vida al hermoso decorado de la Ibiza Medieval. A veces, cuando caminas por esas empinadas cuestas de piedra, piensas en lo difícil que debe de ser vivir en un sitio tan maravilloso y, al mismo tiempo, tan hostil.
Los vecinos han pasado meses de obras, casi sin aparcamiento, y ahora, con la Fira Medieval, ni siquiera pueden dejar sus coches en es Soto, condenados siete días a aparcar en los ‘parkings’ disuasorios, cargando con bolsas de la compra o resolviendo como se pueda las necesidades de los niños pequeños.
Soberbia, Dalt Vila se erige sobre el resto de barrios, a los que mira desde arriba, aunque en el fondo quizá los envidia. Qué fácil parece la vida en la llanura. Es la postal del turista, ese que siempre anda perdido por sus calles, sin saber qué cruce escoger: si seguir subiendo, exhausto, o bajar cabizbajo. Las estrechas calles de Dalt Vila me llevan a mi infancia, a esos pueblos blancos de Andalucía con callejones pensados para huir del sol en verano. Si cierro los ojos, puedo ver a mi abuelo caminando delante de mí, con los brazos cruzados a la espalda.
En las noches de invierno, cuando no hay visitantes, el silencio abruma y produce una falsa sensación de inseguridad al cruzar las murallas, como si uno entrara en otra ciudad: ‘la ciudad de arriba’. Pero este fin de semana todos subimos a Dalt Vila. Durante cuatro días, miles de personas pasearán por los nuevos empedrados del casco histórico de Ibiza. Aunque aún quedan algunos remates pendientes, los puestos podrán instalarse sin problemas en sus calles. Las lluvias de este otoño e invierno no han facilitado el cumplimiento de los plazos, pero se ha llegado a tiempo para la Ibiza Medieval, trabajando incluso en domingo, después del suspenso rotundo de la Semana Santa.
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