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Opinión | Para empezar

Fernando de Lama

Fernando de Lama

Redactor Jefe

¿Un indulto para Es Puetó?

Hay lugares que uno no visita solo por lo que sirven en la mesa. El chiringuito de Es Puetó es, para muchos, uno de esos sitios. Desde hace años forma parte de ese pequeño itinerario sentimental que se reserva para familiares y amigos que pasan por la isla: una parada casi arqueológica, en busca de lo que queda de una Ibiza casi olvidada.

Ahora su continuidad está en peligro después de que el Tribunal Superior de Justicia de Baleares haya confirmado la decisión de Costas de denegar la autorización para explotar el chiringuito. Entre los argumentos figura la saturación de servicios de temporada en el litoral balear. Y sí, claro, la saturación existe. Lo extraño es que el peso de la ley caiga precisamente sobre uno de esos lugares que aún parecen pertenecer más a la memoria que al negocio.

En Es Puetó guardo recuerdos que no caben en ningún expediente administrativo. Uno de los últimos cafés con mi padre, antes de que se despidiera para siempre, mis hijos jugando en la orilla mientras apuraba una cerveza ante la puesta de sol... Porque Es Puetó no es solo un chiringuito. Es un café después del primer baño, unas cañas con amigos, una comida sencilla a precio razonable, los pies en la arena y los peces moviéndose en un mar transparente. Además, con algo cada vez más revolucionario: personal rápido, atento y amable. En la Ibiza actual, eso ya casi debería considerarse patrimonio inmaterial.

Y aquí aparece el dilema. Por un lado, la ley, la protección de la costa y la necesidad de reparar demasiados excesos cometidos durante años. Por otro, la nostalgia, el cariño y la sensación de que no todo puede medirse con la misma regla. Porque si esta isla ha indultado tantas barbaridades, quizá podría encontrar también un pequeño hueco para indultar lo extraordinario.

No se trata de defender excepciones a la carta, pero tal vez habría que distinguir entre lo que devora el litoral y lo que forma parte de su memoria. Si Ibiza tuviera una lista de negocios merecedores de un indulto sentimental, Es Puetó estaría, sin duda, muy cerca del principio.

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