Opinión
Es Puetó como metáfora
Decir que la Demarcación de Costas ha sido tradicionalmente uno de los organismos más opacos y aleatorios en sus decisiones de cuantas administraciones públicas operan en Ibiza no sorprende a nadie. Cualquier ibicenco ha asistido a concesiones inexplicables en nuestro litoral en los últimos 60 o 70 años y, a día de hoy, se siguen produciendo. Hemos visto abrir chiringuitos en áreas donde ya había otros restaurantes que cubrían sobradamente esa necesidad y la polémica siempre ha envuelto a una organización cuyos responsables han permanecido en el anonimato durante décadas.
Podemos recordar casos tan inconcebibles como esa autorización a un millonario ruso para construir un gran pantalán en la costa de Platges de Comte, con balneario incluido y otras instalaciones en la zona pública y de tránsito, donde sistemáticamente se ha cortado el paso a los viandantes. También esa concesión para un chiringuito de vips y clavada en una cala abrupta del sur de la isla, a la misma empresa que había explotado durante décadas otro establecimiento ilegal en idéntico sitio. Viene a ser lo mismo que si al pirata de Porroig le autorizaran una concesión de amarres con boya en la citada bahía, después de todo lo ocurrido estos últimos años.
Podemos acordarnos también de aquel chiringuito concedido por Costas en una zona de rocas, próxima a Cala Gració, donde no acude un solo bañista, que acabó en los tribunales cuando el Ayuntamiento de Sant Antoni impidió la instalación, mientras la ciudadanía se preguntaba cómo podía ser que la Administración central hubiese aprobado tal cosa. Hay tantos ejemplos surrealistas que un artículo no bastaría para enumerarlos.
Ahora, después de todo lo visto, nos enteramos de que Costas pretende cerrar el chiringuito Es Puetó porque considera que ya hay bastantes servicios en la zona. No se tiene en cuenta que dicho establecimiento es de los pocos aceptables para el público local en el entorno, ya que trabaja a precios razonables, sin música ni estruendo, y que fue el pionero que dio servicio a los bañistas a partir de 1969, cuando nadie más lo hacía. Una cosa es que la Administración actúe como un ente sin alma, pisoteando a quien haga falta, y otra es que a los ibicencos nos tomen sistemáticamente por lerdos y quieran hacernos creer que la misma Demarcación de Costas que ha autorizado todo tipo de barbaridades y negocios en el litoral, ahora pretende devolver la costa a su estado natural, comenzando precisamente por el chiringuito Es Puetó.
Obviamente, la decisión de Costas, que dispone de toda la maquinaria legal del Estado a su servicio, ha sido refrendada por el Tribunal Superior de Justicia de Balears. En consecuencia, el establecimiento, por imprescindible que les parezca a sus clientes habituales, muchos de los cuales lo usan a diario porque es el único con el que se sienten identificados, parece tener los días contados salvo milagro o que la recogida de firmas digitales que se ha iniciado para apoyar su continuidad sirva para algo.
Los ibicencos estamos ya muy hartos de que las administraciones pisoteen a la gente sencilla y se dediquen, con su burocracia intrincada, a poner trabas e incluso borrar del mapa a negocios tradicionales, como en este caso. Y mientras eso ocurre, observamos cómo fondos de inversiones, multinacionales y grandes compañías logran de nuestras administraciones autorizaciones y licencias que parecen imposibles de conseguir, en un tiempo récord.
Ahí tenemos el ejemplo de la Autoridad Portuaria Balear, que dejó sin sus instalaciones al Club Náutico Ibiza, para dárselas a una empresa foránea que se ha cargado todo el trabajo de promoción y formación deportiva que venía haciendo el club, pese a que el compromiso adquirido de continuar con esta labor fue esencial para llevarse el concurso. Y lo vemos también en cómo la ribera de la bahía se llena de establecimientos de lujo, como comercios y restaurantes, trasformando y privatizando de facto el litoral de la ciudad.
El caso más sangrante lo van a sufrir los vecinos de s’Illa Plana, que se han encontrado con que la sala de fiestas Lío va a instalarse en los bajos del hotel Ibiza Corso, provocando que los residentes, que ya viven en un barrio saturado, sufran un claro empeoramiento en su calidad de vida. Los afectados sostienen que el proyecto de ampliación es ilegal y el Ayuntamiento dice que lo está revisando, pero todos nos tememos cómo acabará esta historia.
Los clientes de Es Puetó se lamentaban desde estas páginas de lo que ya pasó en su día en Cala Bassa, cuando ésta dejó de ser una playa familiar para sucumbir a la plaga del lujo. Ahora temen que con el cierre de Es Puetó acabe sucediendo lo mismo en esta orilla. La deriva que lleva la isla es terrible y cada día que pasa perdemos algo de lo poco auténtico que nos queda.
@xescuprats
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