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Opinión

Tiburones en el salón familiar

Con ciertas películas el espectador no acaba por comprender con qué objetivo artístico fueron creadas. Es lo que me ha ocurrido con ‘Embestida’ (2026), dirigida por Tommy Wirkola. Animado por el eslogan de que es el thriller más visto en Netflix, «el fenómeno del momento» (es obvio que no aprendo…), dediqué 123 minutos de una bucólica tarde de domingo a esta cinta que en los primeros 40 minutos logró transmitirme cierta angustia.

La narración nos lleva a una localidad costera de Carolina del Sur, arruinada por un terrible huracán de grado 5 que, a causa de la inundación, llena las calles de insaciables tiburones. Como suele ocurrir con los dramas, empatizamos con los sufridos personajes, sometidos a una tragedia que también podría castigarnos a nosotros en la vida real (y no será necesario poner ejemplos recientes).

Pero si en un principio el espectador se deja llevar en ‘Embestida’ por situaciones dramáticas envueltas en un planteamiento realista, poco a poco vamos siendo empujados hacia situaciones desinhibidamente inverosímiles, carentes de cualquier lógica, que no sé si arruinan el thriller o si más bien lo convierten en un género diferente. Y así las cosas, llega un momento en que ver a tres chiquillos en el inundado salón familiar lidiando con tiburones y cartuchos de dinamita ni siquiera nos sorprende, tanto que no sabría decir si ‘Embestida’ está más emparentada con shark movies a lo ‘Tiburón’, de Spielberg, o con la irreverente y paródica ‘Aterriza como puedas’.

No soy tan elitista como para pensar que las películas más exitosas deban ser forzosamente malas. Me limitaré a señalar que nada justifica el éxito —si acaso no es solo marketing— de este film que tiene más agujeros de verosimilitud que un queso de Gruyère. Una película con un buen arranque, cierto, pero que al final termina como sus sufridos personajes: con el agua al cuello.

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