Opinión | Para empezar
«Vivan los migrantes y el mestizaje», claro que sí
Me ha conmovido profundamente el magnífico artículo de Samia Khenien ‘Vivan los migrantes y el mestizaje’. Orgullo de padres y orgullo de hija, de mujer valiente, que nos pone frente al espejo de nuestra «xenofobia, islamofobia, racismo y, por encima de todo, clasismo contra personas de un país que antes no habrían podido señalar en un mapa quienes tanto las odian».
No sé qué siente la «primera bebé argelina» nacida en la isla al leer los insultos contra sus compatriotas y al ver cómo muchos se regodean, sin un ápice de humanidad, ante los muertos en las pateras; cómo escriben desde el anonimato: «Mejor ahogados que entre nosotros». No sé si te duele como a mí o más hondo, Samia, pero sí te puedo decir que esta, tu Eivissa, la que se mezcla, ríe, llora, crece, comparte y se enriquece mutuamente, es también la mía, la que me gusta, la que vale la pena salvar. La de mis vecinos ibicencos y migrantes; el tendero; la camarera del bar de abajo; el fontanero; la médica que me atendió; mis compañeras del diario... Cada uno con un origen distinto y todos remando juntos para sacar adelante el trabajo, la familia..., la vida.
La sociedad que quieren romper los que hoy vociferan «prioridad nacional». Los que dicen que «no van a dejar morir a nadie a las puertas de un hospital», pero que los inmigrantes esperen. Los que pretenden acabar con la sanidad universal, para todos, que tanto nos costó conseguir. Porque hubo un tiempo en este país en que los «sin papeles» evitaban ir al médico por pobreza y por miedo. Todavía pasa. Los que en algún momento han amenazado con relegar en los servicios públicos a mi sobrina Míriam y a tantos otros jóvenes criados aquí porque su padre o madre no nacieron españoles, pese a que coticen igual o más que ellos. Los ignorantes que repiten como marionetas que los pobres de fuera les quitan la vivienda, cuando, por los precios, la acaparan más bien «ricos» sin fronteras. Los que se oponen a la regularización mientras vomitan su racismo sobre la «panchita» que les limpia la casa o cuida a sus mayores por dos duros y en negro. Los partidos que se ríen de la solidaridad intergeneracional y del argumento de que necesitamos la inmigración para asegurar las pensiones porque en su horizonte está privatizarlas. Los que buscan convertir derechos en privilegios.
Vivan los migrantes y el mestizaje, claro que sí. Toda mi admiración por tu valiente testimonio, Samia.
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