Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Cumplir años no es el problema

Tengo algo que no tenía a los 20. Una seguridad brutal y una libertad que da vértigo. Me atrevo a todo y ya casi nada me da miedo

He cruzado la frontera de los 50 y a mi alrededor ha pasado algo curioso. Casi todas mis amigas se tunean. Las que no se ponen bótox recurren al ácido hialurónico o se pinchan para adelgazar. Y yo las miro y las veo raras. La del ácido hialurónico no tiene arrugas, claro. Tampoco tiene la cara normal. Está hinchada como un balón de fútbol. La del Ozempic está tan delgada que da un poco de grima y, además, tiene más arrugas que antes. Y la que se puso labios hace años… mejor ni lo comentamos. Yo, en cambio, practico la dieta de los pobres, que consiste en engordar un par de quilos al año para que la piel se vaya estirando. No me he puesto una crema en la vida y, oye, no estoy tan mal. También ayuda no tener hijos ni marido. Menos estrés, menos desgaste.

El otro día escuchaba a Isabel Coixet decir que las mujeres que no han sido guapas lo tienen más fácil al envejecer. Porque no tienen que despedirse de nada. Yo no estoy de acuerdo. Yo estaba muy buena a los 20. En serio, era un pibón. Y, sin embargo, no vivo mirando atrás. Será porque soy ansiosa. Y los ansiosos no pensamos en el pasado. Pensamos en el futuro. No tengo nostalgia de lo que fui, tengo ganas de seguir siendo. Y eso pesa más que cualquier arruga. Sí, tengo más barriga, más flacidez, más años. Y encima la menopausia, que no ayuda. Pero también tengo algo que no tenía a los 20. Una seguridad brutal y una libertad que da vértigo. Me atrevo a todo y ya casi nada me da miedo. Por eso no entiendo esta obsesión por borrarse la edad de la cara. A mi no molesta hacerme mayor pero molestaría que dejaran de valorarme por serlo. Eso sí es un problema. Y tiene nombre: edadismo. Veo a tíos horrendos presentando programas de televisión con una edad considerable. En cambio, mujeres hay pocas. En TV3 tenemos a Helena Garcia Melero, que es una excepción evidente. Una profesional sólida, con oficio, con presencia y con una trayectoria que se sostiene por sí sola. Y además, sí, guapa y delgada. Pero si no fuera tan guapa ni tan delgada, ¿estaría en la tele? ¿Con sus años y poco agraciada? Ni de coña. Eso solo se le permite a los hombres. Y mientras tanto, seguimos empeñadas en parecer lo que ya no somos, en lugar de defender lo que somos ahora. Quizá el problema no es cumplir años. Quizá el problema es no saber qué hacer con ellos.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents