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Opinión

El bocazas de Eduardo Mendoza

El problema de todo es que una parte de los seres humanos están perdiendo el sentido del humor. Utilizarlo es sano mentalmente. Estoy convencido. El humor es sano desde el punto de vista físico y mental. “Mens sana in corpore sano”. El bueno de Juvenal tenía razón. Pero los tiempos por los que pasamos pertenecen a los cabreados. Si no estás molesto, enfadado, irritado, enojado o indignado no eres nada. Tanto tiempo en los gimnasios con nuestros cuerpos ‘vitaminizándolos’ para encontrar la estructura corpórea perfecta y nos olvidamos de que es la mente la que nos agria las venas. El humor la endulza.

Así, de pronto, hemos empezado a observar vómitos, eructos e improperios sobre una declaración del escritor Eduardo Mendoza, que venía a decir que Sant Jordi era un maltratador de animales. Lo dijo en la presentación de su última novela, ‘La intriga del funeral inconveniente’, publicada en Seix Barral.

Aquí la pregunta fundamental es saber a qué Sant Jordi se refería Eduardo Mendoza a raíz de las críticas suscitadas por muchos políticos independentistas y hasta por las juventudes de Junts. ¿Se refería al Sant Jordi que se enfrentó al dragón que atemorizaba a la buena gente de Montblanc (Conca de Barberà)? ¿Estaba hablando del Sant Jordi que se apareció en la batalla de Alcoraz, para luchar en las tropas del rey Pedro I contra los musulmanes y se convirtió en patrón de Aragón? ¿O el que se rebotó en el año 303 contra el emperador Diocleciano, al no hacerle caso a perseguir a los cristianos y por lo que fue decapitado en las murallas de Nicomedia, justamente un 23 de abril? ¿O tal vez fue el Sant Jordi que se enfrentó al dragón en Beirut, el mismo que se cansó de comer ovejas y se pasó a la carne humana? Ciertamente, deberíamos exigir a Eduardo Mendoza que confirme cuál de estos Sant Jordi considera maltratador de animales. Pero puede que ni con esta fundamental información los difamadores estén satisfechos. Y es que el humor de Mendoza es inteligente y provocador. Como él dice de sí mismo: “Soy un bocazas”. Así de concreto y descriptivo es el escritor. “Y de vez en cuando se me ocurre decir algo y luego pienso: ¿por qué no te has callado?”.

No parece el escritor muy amigo de autocensurarse. Y, por otro lado, qué horror tener que estar pendiente de aquello que vas a decir, cuidar las formas e ir siempre a favor de lo políticamente correcto. Claro que en cuanto una cuestión como esta llega a la política la sorna revienta y entra en un territorio feo.

Parece que las juventudes de un partido piden que se le retire la Creu de Sant Jordi, que tendría sentido, por otro lado, si entiende Mendoza que es la cruz de un maltratador, pero también esto forma parte del sentido del humor en el que deberíamos habitar. El problema es que algunos, muy pocos, utilizan todo esto para amenazar, esta vez de verdad, a quien lanza el chiste. Es entonces cuando piensas, durante unos nanosegundos, que mejor callar. Pero no. No hay que callar. Mejor ser un bocazas inteligente.

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