Opinión
Eso de las hormonas
El trato que se ha dado a las mujeres no solo ha sido injusto desde el punto de vista social, económico y familiar. También la medicina durante décadas, y aun ahora sucede, ha entendido que la mujer es víctima de sus hormonas y de los cambios que estas producen en su organismo y por eso casi todas las mujeres, si no todas, hemos escuchado eso de: «Déjala, está histérica. Es que tiene la regla». Oíamos cómo nos lo decían a nosotras y de niñas oíamos cómo se lo decían a nuestras madres y crecíamos viendo de qué forma acerca de la regla había todo tipo de prejuicios, que iban desde la prohibición al baño porque el agua podía cortar la regla y dejarnos sin la posibilidad de concebir niños, hasta la prohibición de hacer mayonesa o regar plantas. También las plantas podían morir a causa de nuestra regla, que era una suma constante de prohibiciones, de manera que la regla era una maldición porque eso era lo que nos habían enseñado y lo mejor era esconderse y ese día, con 13 años que no podías bajar a la playa, te sentías observada y juzgada y cuando decías que habías pasado la noche vomitando, te sonrojabas porque todo el mundo sabía que tenías la regla y era algo así como dejar expuesta y al aire tu debilidad y te sentías vulnerable sin saber muy bien por qué y culpable por ser mujer y tener la regla.
Leo que la psiquiatra Gemma Parramon, autora del libro ‘Será por las hormonas’, cuenta cómo se han ridiculizado cosas que les pasan a las mujeres para invisibilizarlas y hacerlas callar y en una entrevista relata que cuando estaba empezando su andadura en la medicina, un ginecólogo le dijo: «Mira, yo cuando las pacientes entran por la puerta ya sé si es histérica o no». Un hombre de su tiempo sin duda: machista, con una mirada patriarcal y el poder de saber, nada más ver a una mujer, si esta es histérica o no, porque ya Aristóteles consideraba a la mujer como un ser mutilado y Darwin decía que somos seres inferiores y con esos pensamientos nos hemos ido educando, unos y otras, y a nosotras nos ha tocado la peor parte y nos hemos tenido que ir reivindicando y luchando para defendernos de todos aquellos para los que somos un conjunto de hormonas alteradas e histéricas. Por eso la niña a la que le viene la regla no dice nada, a nadie, porque siente una inmensa vergüenza y una total indefensión y llegarán las miradas de soslayo que retratan la sociedad en la que vivimos.
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