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Opinión

Parador y museo

La instalación se ha convertido en cierta manera en un complemento del Museo Arqueológico con sus incomparables vestigios de casi tres mil años

Es muy de agradecer que Paradores no se haya arrugado ante la difícil recuperación que ha tenido la desangelada y compleja estructura de edificios que llamábamos Castillo, teniendo en cuenta el lamentable abandono que ha tenido durante tantos años a pesar de que con su significativa ubicación remataba el skyline de la ciudad. Y más de agradecer es cuando su explotación tendrá difícil amortización dado el reducido número de habitaciones de la instalación y el hándicap que supone que se hayan tenido que dejar un buen número de ellas –quiero suponer que de momento- para que las ocupen sus propios empleados para salvar la falta de viviendas que empieza a ser nuestro tendón de Aquiles. El trabajo que se ha hecho es formidable, ha supuesto un reto más que notable y el resultado supera lo que uno podía esperar.

Dicho esto, hago una propuesta que puede parecer ingenua pero que supondría por parte de la ciudad una forma de agradecimiento a Paradores. Dado que la instalación se ha convertido en cierta manera en un complemento de nuestro Museo Arqueológico con sus incomparables vestigios de casi tres mil años, dando presencia a algo que nunca creímos llegar a ver, las piedras que dieron origen a Ayboshim, sería interesante que nuestro Museo Arqueológico prestara al Parador algunas piezas, ánforas o cualquier otro tipo de objetos que, debidamente protegidos, conseguirían un doble objetivo, subrayar la ligadura de los hallazgos localizados en el subsuelo del Parador con el fascinante mundo de la Necrópolis y servir de ‘llamada’ para que los huéspedes del Parador acudiesen al Museo del Puig des Molins para completar la visión de un mundo fascinante que enriquecería su estancia y les haría valorar el solar que temporalmente habitan sobre las ruinas que pudieron ser de un palacio o de un templo cartaginés, un ámbito en cierta manera mítico y ‘sagrado’.

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