Opinión
Eludir el Parlamento
La ausencia de una mayoría parlamentaria estable ha situado al Gobierno de Pedro Sánchez en una posición de debilidad que le obliga a negociar cada votación y, en algunos casos, a asumir derrotas. Un contexto desfavorable en el que el Ejecutivo ha optado por posponer o reducir aquellos espacios institucionales en los que su fragilidad podría hacerse más visible, limitando así determinados mecanismos de deliberación y control parlamentario.
Desde La Moncloa se argumenta que el presidente comparece con frecuencia en el Congreso, generalmente a petición propia, pero siempre con formatos que le permiten fijar el marco del debate, mientras que esquiva otros instrumentos parlamentarios. Por ejemplo, el presidente no acude a una sesión ordinaria de control en el Senado desde marzo de 2024, pese a que el reglamento prevé su asistencia mensual; el debate sobre el estado de la nación solo se ha celebrado una vez desde 2018 —pese a ser ya el tercer presidente más longevo— y las Conferencias de Presidentes apenas se han convocado en dos ocasiones en toda la legislatura.
A ello hay que añadir, además, el recurso creciente a la vía ejecutiva para adoptar decisiones sin someterlas a votación en las Cortes, así como el bloqueo de numerosas iniciativas legislativas mediante la prórroga reiterada de los plazos de enmiendas en el Congreso. Una práctica que afecta sobre todo a las propuestas de la oposición, pero también a algunas de los socios del Gobierno, evidenciando hasta qué punto el control de los tiempos legislativos es un instrumento para limitar el debate parlamentario.
Estas prácticas, en buena medida, responden a la lógica de un gobierno en minoría. Cuando las mayorías son inestables y cada votación implica un riesgo, el Ejecutivo tiende a evitar escenarios en los que su debilidad pueda traducirse en derrotas parlamentarias. La selección de los debates, el recurso a instrumentos ejecutivos o el control de los tiempos legislativos le permiten mantener la iniciativa política sin exponerse continuamente a una aritmética incierta.
El problema son sus repercusiones institucionales. La reducción de debates generales, la escasa presencia del presidente en el Senado o el bloqueo de iniciativas legislativas limitan las funciones deliberativa y de control del Parlamento. Una dinámica que contrasta con el discurso del propio Gobierno sobre la regeneración democrática, cuyo plan plantea reforzar la calidad del debate público y revitalizar instrumentos parlamentarios como la celebración anual del debate sobre el estado de la nación. La distancia entre ese discurso y la praxis resulta, por ello, difícil de obviar: más allá de las dificultades de gobernar en minoría, la legislatura evidencia hasta qué punto la estabilidad gubernamental puede terminar desplazando el equilibrio institucional hacia el Ejecutivo y debilitar los espacios de control y deliberación propios del parlamentarismo. Y eso es algo que difícilmente contribuye a reforzar la calidad democrática.
Suscríbete para seguir leyendo
- Un recorrido por los apellidos más habituales de Ibiza
- En estado crítico una ciclista tras chocar con un coche en Ibiza
- Vecinos del barrio sa Real se oponen al 'parking' en el bulevar Abel Matutes: «Todos queremos zonas peatonales y reducir el tráfico rodado en la ciudad, pero no a costa de nuestra calidad de vida»
- Venta exprés' de un piso de tres habitaciones en Ibiza por 308.700 euros: así funciona esta subasta privada
- Los pescados de Ibiza 'menos valorados en restaurantes', estrellas de la Fira del Peix i del Marisc de Sant Antoni
- Multan con mil euros a los dueños de un local de Ibiza por no limpiar un grafiti
- La Consolación se transforma en una galería de arte de Ibiza durante cuatro días
- El club del entrenador que le tiró una botella a un árbitro en Ibiza: 'Estamos a muerte con él. No es una persona violenta, está muy jodido
