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Opinión | Editorial

El Parador de Ibiza, una espléndida realidad

La apertura del emblemático establecimiento es uno de los hitos más importantes de la década para la isla

La inauguración del Parador de Ibiza el pasado lunes supone la culminación de un largo y tortuoso proceso de un proyecto que se gestó hace más de veinte años y que ha topado con todo tipo de imprevistos y dificultades que han provocado innumerables (y desesperantes) retrasos. Pero en cualquier caso es uno de los hitos más relevante de la década para la isla, pues supone la recuperación de un conjunto histórico clave de Dalt Vila -el Castillo o Almudaina de la ciudad- y su apertura al público, por primera vez.

La ubicación del Parador en la cúspide del casco histórico de Vila, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999, supone una contribución pública decisiva para revitalizar Dalt Vila durante los meses de temporada baja y para garantizar la preservación de un espacio que atesora una historia milenaria, con restos de las épocas fenicia, romana, islámica, medieval y renacentista. Fueron precisamente los relevantes hallazgos arqueológicos que se sucedieron durante las obras los que obligaron a interrumpir los trabajos y rehacer el proyecto, que tuvo que adaptarse al yacimiento. Las modificaciones, que forzaron a replantear el edificio e incrementar la inversión mucho más de lo inicialmente previsto, coincidieron también con los años de la crisis financiera y los ajustes económicos, que paralizaron la obra durante mucho tiempo.

Cuando se planeó inicialmente el Parador, a finales del siglo pasado y primeros años del actual, en Ibiza apenas había oferta hotelera de alta calidad y la apuesta por el Parador pretendía estimular la demanda en este segmento turístico, además de rehabilitar un valioso enclave histórico e impulsar un cambio de la marca Ibiza, ligada exclusivamente al ocio nocturno y las playas. Sin embargo, durante los largos años de retraso del Parador la oferta hotelera de Ibiza se ha transformado por completo y dispone ahora de muchos establecimientos de lujo y altísima calidad, también en Dalt Vila, en antiguos caserones señoriales exquisitamente rehabilitados. Así que la función del Parador ya no es enteramente la misma para la que fue concebido, pero tampoco es un hotel de lujo más. Se trata de un establecimiento de titularidad pública a través del cual el Estado ha efectuado una admirable rehabilitación del patrimonio cultural de Ibiza y que añade valor al conjunto histórico de Dalt Vila; está integrado además en la prestigiosa red de Paradores de Turismo de España, caracterizada por su ubicación en edificios y lugares de gran valor histórico, artístico o cultural, que cuenta con su propia promoción diferenciada y un nicho de mercado muy fidelizado. La riqueza patrimonial de Ibiza y sus bienes declarados Patrimonio Mundial siguen siendo grandes desconocidos, por lo que el Parador servirá para darles mucha más visibilidad en todo el mundo.

Diecisiete años después de que se pusiera la primera piedra, 22 después de que el pleno del Ayuntamiento de Ibiza aprobara que el Castillo se convirtiera en Parador y 36 años más tarde de las primeras gestiones municipales para lograrlo, el establecimiento recibirá sus primeros clientes el 10 de marzo. La inauguración oficial del pasado lunes fue una celebración gozosa, pero tuvo su parte agridulce en la pugna por apropiarse del mérito de la obra. Desde que el Ejército cedió el Castillo al Ayuntamiento de Ibiza en 1973 (aún durante la dictadura franquista) hasta hoy, la recuperación de este edificio emblemático ha atravesado todo tipo de vicisitudes. Es verdad que el impulso inicial, la decisión de Turespaña de hacer esta obra y su ejecución final se ha producido con gobiernos del PSOE, pero no lo es menos que en torno al Parador siempre ha existido en Ibiza un consenso político con el PP, que lo apoyó cuando las distintas administraciones no eran del mismo signo, lo mantuvo vivo en los años de recortes presupuestarios y lo reactivó cuando las vacilaciones del Gobierno central llegaron a amenazar la continuidad del proyecto. Quedémonos, pues, con la idea de que el espléndido Parador de hoy es el ejemplar resultado de un esfuerzo colectivo en el que muchos responsables políticos han contribuido, en mayor o menor grado y cada uno desde su ámbito, a hacer realidad un proyecto sumamente complicado, que representa un logro para el conjunto de la isla del que todos debemos sentirnos legítimamente orgullosos.

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