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Opinión

Declarar la guerra

Miles de voluntarios de Manos Unidas luchan para que su misión sea una realidad: trabajar contra la pobreza, el hambre, la enfermedad…

Este viernes pasado en nuestra Iglesia que peregrina por las islas de Eivissa y Formentera dio inicio la campaña de Manos Unidas, institución católica para la ayuda, promoción y desarrollo de los países más empobrecidos. Don Vicent Ribas, obispo de la Diócesis, presidió una celebración de la Eucaristía en la parroquia de Santa Cruz, cantada por miembros del coro parroquial y con voluntarios de diferentes parroquias. A continuación, tuvo lugar un monólogo y un pequeño concierto finalizando la velada con una cena simbólica contra las penurias.

Manos Unidas tiene como lema este año «declara la guerra al hambre». Se trata de una institución que nació de la iniciativa de unas mujeres resignadas a la idea de que no se podía hacer nada ante la realidad de la hambruna que azota a tantos países. Desde entonces miles de voluntarios continúan declarando la guerra a la miseria. Siguen luchando para que su misión sea una realidad: trabajar contra la pobreza, el hambre, la enfermedad… en definitiva, esforzarse para erradicar las causas estructurales de tanta desigualdad.

A lo largo de los próximos meses, se intensifican las actividades en nuestras parroquias con la labor de voluntarios para recaudar fondos y así combatir el hambre. Una verdadera lucha, ya que está comprobado que la guerra es la que provoca en tantos países las desigualdades y, por supuesto, el hambre que conduce a la muerte.

Trabajar por el desarrollo y la paz en todos los pueblos de la Tierra es trabajar para que el hambre se acabe en el mundo. No es cuestión de falta de alimentos o de sobrepoblación, es cuestión de más gente comprometida para que esto sea una realidad. Todos tenemos parte de la solución. Todos, desde los más pequeños a los más poderosos, debemos trabajar juntos en las pequeñas cosas de cada día, como es el consumo responsable, el cuidado de la Casa Común, el recordar los que forman, como las llamaba el Papa Francisco, las periferias. Son acciones pequeñas con grandes resultados. Ya el Papa Pablo VI, en el año 1967, decía: «El desarrollo es el nuevo nombre de la paz». Si el desarrollo provoca guerras, conflictos y muerte, no se le puede denominar desarrollo.

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