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Opinión

Hace falta un pueblo

Seguro que lo saben, Elon Musk ha compartido con sus 234 millones de seguidores de X —la red por la que pasea como Elon por su casa— un mensaje en que calificaba al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, de: “Sucio Sánchez. Tirano y traidor al pueblo de España”. Rematando la faena con el emoticono de una caca con ojos.

El hombre más rico del mundo, haciendo justicia a la canción de Sabina: “Era tan pobre que no tenía más que dinero”.

Pero que una boñiga no nos impida ver el bosque de estiércol. El detonante de Musk —o probablemente el segundo, porque creo que le tocó la patata el “Marte puede esperar, la humanidad no” con que el presidente despachó sus críticas a regularizar medio millón de inmigrantes— fueron las palabras de Sánchez en la inauguración de la Cumbre Mundial de Gobiernos que reúne en Dubái a los líderes gubernamentales en un diálogo sobre tecnología e innovación. Anunció que el Gobierno cambiaría las leyes para que las responsabilidades legales por delitos cometidos en plataformas recayeran en los ejecutivos que no tomaran medidas para evitarlos y la prohibición de acceso a redes sociales a los menores de 16 años.

A rebufo del propietario de X, el de Telegram, Pável Dúrov enviaba una alerta masiva sin precedentes a todos los usuarios en España alertando que “El gobierno de Pedro Sánchez impulsa regulaciones que amenazan tus libertades en internet. Estas medidas podrían convertir a España en un estado de vigilancia bajo el disfraz de ‘protección’”. La primera: “Prohibición de redes sociales para menores de 16 años con verificación de edad obligatoria”.

Un sucio tirano traidor a España, ese Estado de vigilancia, es un resumen regular sin el contexto de quiénes lanzan estas alertas y qué intereses defienden.

Días antes del rifirrafe, la desclasificación de documentos sacaba a la luz mensajes entre Musk y el pederasta Epstein que evidenciaban su interés por visitar su isla privada: “¿Qué día/noche será la fiesta más salvaje en tu isla?”. Horas antes del discurso en Dubái, la unidad de delitos informáticos de la Fiscalía de París y Europol registraban oficinas de X en Francia y citaban a declarar a Musk en una investigación sobre posesión y difusión de material pedófilo y administración de plataforma en línea ilícita en banda organizada, entre otros cargos.

En cuanto a Dúrov, fue detenido en Francia en 2024 y se encuentra en libertad bajo fianza de cinco millones de euros, con prohibición de abandonar el país, mientras se enfrenta a acusaciones por no impedir que en Telegram se cometieran delitos contra menores, fraudes o tráfico de drogas. Una investigación de ProPublica y PBS Frontline documentó además la difusión de planes y captación para cometer atentados y manuales para fabricar explosivos. No olvidemos tampoco que los actos xenófobos de Torre-Pacheco el pasado julio tuvieron como detonante información falsa difundida en esa plataforma.

Desde esta perspectiva, el ataque de estos millonarios, más que a alertar dictaduras, apunta a lo que señaló Sánchez hace ya un año en la presentación del Observatorio de Derechos Digitales: “Una élite para quienes no basta con tener más dinero que 150 países juntos; quieren también el poder político y democrático. […] Pero que nadie se engañe. Su principal motivación para controlar ese poder no es otro que el dinero. Todo siempre ha sido por la pasta”.

A poco más de un mes de la norma australiana —pionera— que limita la edad en redes sociales e impone multas a las plataformas que la incumplan, Facebook, Instagram, Threads, X, YouTube, Snapchat, Reddit, TikTok y Twitch cancelaron cerca de cinco millones de cuentas de menores. Si es mucho o poco nunca lo sabremos porque con las laxas normas actuales, las redes sociales no están obligadas a desglosar la edad de sus usuarios. Tampoco a informar sobre los ingresos publicitarios. Aun así, un estudio de la Universidad de Harvard estimó que en 2022 las seis grandes plataformas ingresaron 11.000 millones de dólares en publicidad dirigida a menores.

La pasta en un lado de la balanza y del otro la salud de nuestros niños. En enero, la Agencia Nacional de Seguridad Alimentaria, Ambiental y Laboral (ANSES) de Francia publicó una exhaustiva evaluación científica sobre los riesgos del uso de las redes sociales para niños y adolescentes de 11 a 17 años. Cerca de 50 expertos de varias disciplinas evaluaron más de 1.000 estudios científicos a lo largo de cinco años. Las conclusiones sobre los patrones manipulativos y el impacto en la salud de los menores son alarmantes. Ciertos patrones de uso explotan deliberadamente sus vulnerabilidades —especialmente en niñas— aumentando riesgos de ansiedad, depresión o pensamientos suicidas.

Así que cuando escuchen a magnates alertar de que alejar a los niños de plataformas —que priorizan la pasta sobre todo lo demás— atenta contra la libertad de un pueblo, recuerden el viejo dicho: hace falta un pueblo para criar a un niño.

Pilar Ruiz Costa es escritora @otropostdata

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