Opinión
El sueño americano (pero español)
El New York Times publicaba recientemente un artículo titulado ‘En contra de la tendencia mundial, España ofrece a los inmigrantes indocumentados una forma legal de permanecer en el país’, mostrando la antítesis entre la medida española y las llevadas a cabo en Estados Unidos por la administración Trump: «Una campaña agresiva y radical para detener y deportar a millones de personas». «Agresiva y radical» nivel 32 personas muertas en centros de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en 2025. Y este año camino de superar la marca con 8 personas muertas en operativos federales o bajo custodia del ICE en lo que va de 2026.
El líder del PP, Núñez Feijóo, ha pasado de su apoyo en 2024 a una ILP para «regularizar a personas migrantes que viven y trabajan en España sin permiso formal» a calificar la medida de «irresponsabilidad, improvisada, inhumana e indecente» y, por descontado, que favorece un «efecto llamada».
El líder de Vox, Santiago Abascal, ha ido un paso más allá: «El tirano Sánchez odia al pueblo español. Quiere sustituirlo. Por eso pretende promover el efecto llamada por decreto, para acelerar la invasión». «Los nacionales deben tener prioridad», que es el calco español del trumpista «America first» y «Protección de la Cultura y Valores Tradicionales».
Como si no estuvieran en las bases mismas de su cultura y valores los más de doce millones de inmigrantes que acogió Estados Unidos entre 1892 y 1954. Ciento cuarenta millones de estadounidenses descienden directamente de quienes llegaron huyendo de guerras, persecución y pobreza. El mismísimo primer presidente de Estados Unidos, George Washington, describía así su país:
«El seno de América está abierto para recibir no solo al extranjero opulento y respetado, sino también a los oprimidos y perseguidos de todas las naciones y religiones; a quienes les daremos la bienvenida para que participen de todos nuestros derechos y privilegios».
El sueño americano de que cualquier persona sin importar su origen, puede, con trabajo y esfuerzo, alcanzar la prosperidad.
Sin embargo, el anuncio de Trump de que detener una «invasión» garantizaría prosperidad y puestos de trabajo para los estadounidenses, ha tenido el efecto contrario. Ha golpeado duramente la economía, debilitado el dólar y acumulan las peores tasas de empleo desde 2020. La escasez de mano de obra migrante ha significado un incremento de los precios, caída del consumo, cierre de negocios y la pérdida de los ingresos por impuestos que antes pagaban estos migrantes.
¿A quién puede sorprender que una nación que alcanzó la grandeza gracias al trabajo de inmigrantes empiece a romperse cuando los expulsa?
Matemática que explica la historia de Estados Unidos y, en el caso español, el Estudio Understanding the Effects of Legalizing Undocumented Immigrants (Entendiendo los efectos de legalizar inmigrantes indocumentados), una investigación conjunta de las Universidades de Barcelona y IEB y Copenhague sobre las consecuencias de la legalización de alrededor de 600.000 inmigrantes por parte del Gobierno de Rodríguez Zapatero en 2004. La última de las seis regularizaciones extraordinarias llevadas a cabo en España, de una magnitud similar a la actual.
No supuso el presagiado efecto llamada o la invasión. No hubo colapso de los servicios de Sanidad y Educación que, de todos modos, ya tenían disponibles. En lugar de eso, la consecuencia más inmediata fue que los inmigrantes indocumentados comenzaron a pagar impuestos sobre la nómina: unos 3.500–4.400 € anuales en cotizaciones sociales. Un incremento de recaudación de varios miles de millones de euros. De hecho, aunque todas las provincias crecieron, las más beneficiadas fueron las que contaban con mayor proporción de inmigrantes.
Los inmigrantes en trabajos cualificados vieron mejorar sus salarios, mientras los no cualificados sufrieron ligeros descensos. En cambio, los trabajadores nativos vieron aumentar sus nóminas en ambos casos.
Y aquí, amigos, resulta que el mercado sí se regula solo: tras la crisis de 2008–2013, España perdió apenas un puñado de nativos frente al cerca de medio millón de extranjeros que retornaron a sus países de origen o reemigraron a otros más prósperos.
Pero además, un informe reciente del Banco Central Europeo (BCE) destaca cómo en Alemania y España «los trabajadores extranjeros han contribuido significativamente al crecimiento económico y han ayudado a mitigar los efectos del envejecimiento de la población». Algo que ya señalaba el informe anual del Banco de España en 2024: serán necesarios 24,67 millones de trabajadores migrantes en los próximos 30 años «para evitar el proceso de envejecimiento de la población».
Por eso, a pesar de los anuncios apocalípticos de políticos en oposición o las brutales medidas de líderes de países venidos a menos, no teman. Quien viene a tu país a prosperar lo hace también prosperar a él.
Y, de paso, no lo olvidemos: lo hace más humano.
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