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Opinión | Para empezar

Formentera y los extraterrestres

No sé por qué se empeñan en comparar a Formentera con el Caribe cuando la realidad indica que es más bien una sucursal con playa de la norteamericana Área 51. Sin ir más lejos, desde hace unos días se está pergeñando el aterrizaje, no se sabe si con la intención de abducirnos o aniquilarnos, de un nuevo partido político, inciativa ciudadana o lo que salga.

De estos salvapatrias, por ahora solo conocemos su imagen corporativa, con un emblema más propio de una macro discoteca ibicenca y un nombre-acrónimo que si me dicen que es el de un club de cannabis, me lo creo. Y como fondo de esta innovadora composición visual, una imagen nocturna que podría ser perfectamente la zona del puerto de Ibiza y Dalt Vila o cualquier otra localidad costera random, pero nunca Formentera.

¡Ah!, también han tenido la deferencia de hacernos saber los «grandes problemas de Formentera», siendo el primero para estos misteriosos personajes la falta de oferta cultural y de ocio (ejem, ejem) y el segundo, el atasco burocrático en el Consell, que debe ser muy grave porque se repite en el listado en la posición número cuatro.

Todo este sesudo análisis de la realidad local se presenta en una publicación de Instagram, que no se diga que los supuestos ciudadanos formenterenses autores de la iniciativa no son modernos.

Para que les hagan casito, se han dado a conocer «casualmente» a través de un pseudo medio de comunicación y piden a la gente de bien que les mande un email con sus ideas «de cambio real» para Formentera, que es algo sanísimo para la seguridad y privacidad personal. Luego se quejarán los interesados de que se les llene la bandeja de entrada de ofertas de viagra y proposiciones de dudosa legalidad.

Los mentideros de la isla están revueltos tratando de adivinar quién anda detrás de esta genial idea, rebuscando nombres entre políticos, ex políticos y empresarios con intereses varios por tierra, mar y quién sabe si por aire... Yo prefiero esperar al gender reveal que pondrá caras a este dislate y ver qué color ideológico sale de la tarta sorpresa: rojo, azul o un sorpresivo tono amarillo.

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