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Opinión

Incongruencias turísticas

Reconozco que yo también fui uno de los inocentes que se creyó al Consell Insular cuando, a final de temporada, dijo que había acabado con la práctica totalidad de las viviendas turísticas ilegales que existen en la isla (unas 15.000 plazas). Para cualquier persona preocupada por los terribles desequilibrios que genera una industria turística a la que se ha dejado crecer sin freno ni cortapisa, llevándose por delante nuestra calidad de vida, tal manifestación constituyó una noticia extraordinariamente positiva, con dos consecuencias trascendentales: la reducción drástica de la presión turística y la potencial restitución de miles de pisos hurtados al mercado del alquiler residencial.

El presidente del Consell, Vicent Marí, incluso llegó a manifestar en el mes de septiembre que, gracias a su estrategia de presión y colaboración con plataformas como Airbnb, la oferta ilegal se había reducido en un 85% y que dicha política significaba un antes y un después. También se llegó a comentar que esta intervención había supuesto el trasvase de miles y miles de turistas nuevamente a los hoteles, aunque determinados empresarios del sector minimizaban en privado dicho efecto o incluso negaban haberlo percibido lo más mínimo. En este contexto, el presidente también sacó pecho por haber acabado con los taxis pirata en el aeropuerto.

Sin embargo, una noticia publicada por José Miguel L. Romero en Diario de Ibiza la semana pasada ha revelado la gran incongruencia que existe entre las cifras que maneja el Consell Insular y las que arrojan varios estudios realizados por el Instituto Nacional de Estadística. Éste último, por ejemplo, ha anunciado que el gasto realizado por los turistas alojados fuera del mercado; es decir, en viviendas turísticas ilegales y en casas de familiares y amigos residentes, no sólo no ha decrecido después de que el Consell supuestamente cerrara este tipo de alojamientos, sino que se ha incrementado en un 3,5%, hasta alcanzar los 550 millones de euros.

Así lo corroboran las estadísticas de Frontur (movimientos turísticos en frontera) y Egatur (gasto), que incluso determinan que pernoctaron fuera de la oferta regulada de alojamiento casi medio millón de personas (478.159), lo que supone un crecimiento en más de 15.000 viajeros (3,38%).

Con tales datos, sólo cabe concluir que el desmantelamiento del mercado de las viviendas turísticas ilegales no sólo no se ha producido, sino que éste sigue creciendo a buen ritmo y que el acoso del Consell a las plataformas de Internet ni siquiera le ha hecho cosquillas. La máxima institución de la isla ha conseguido algo importante con la retirada de tantos anuncios, pero de ahí a considerar que la oferta ilegal ha caído un 85% hay un mundo.

Seguro que muchos lectores tienen familiares y amigos que alquilan viviendas a turistas, ya sea de forma legal o ilegal. De ser así, saben que, en ambos casos, especialmente aquellos que llevan un tiempo en el negocio, llenan la mayor parte del calendario de reservas con repetidores: familias que vienen todos los años y que dejan apalabrada la casa de una temporada para otra, al tiempo que proporcionan el contacto del casero a sus allegados, para que también ellos también puedan hacer su escapada a Ibiza a un precio más ventajoso que el de los hoteles.

Quienes se dedican al alquiler turístico ilegal disponen de muchas fórmulas para vender su producto sin necesidad de acudir a Airbnb, Booking y demás. Con la alta demanda que registra Ibiza, pueden gestionarlo de forma directa, pasarse clientes unos a otros cuando no tienen disponibilidad y formar alianzas para optimizar la ocupación. Así que, a tenor de las cifras proporcionadas por el INE, sólo podemos concluir que Ibiza sigue muy lejos de revertir el alojamiento turístico ilegal.

De la misma manera, se puede rebatir la cuestión de los taxis pirata. Tal vez se haya logrado desactivar su principal escaparate (la terminal aeroportuaria), pero su presencia sigue siendo igual de intensa. Su red llega a múltiples restaurantes, discotecas, bares, hoteles, concierge y otras empresas y profesionales, que recurren a ellos constantemente, permitiendo que el negocio siga fluyendo. Basta con ver la procesión de furgonetas negras que van y vienen de las villas donde se celebran fiestas.

El ecosistema ilegal está fuertemente arraigado en la isla y todo lo que se ha hecho para combatirlo, por necesario que fuera, no ha tenido suficientes resultados. Como era música para nuestros oídos, cuando nos vendieron del titular de que se había matado al alojamiento ilegal y que eso redundaba en una isla menos agobiada, nos lo quisimos creer. Incluso llegamos a pensar que la persistente sensación de saturación en las playas y en las carreteras que también experimentamos la temporada pasada era fruto de nuestra mente calenturienta, todavía incapaz de asimilar la nueva realidad. Las cifras, muy al contrario, nos confirman que, por desgracia, no nos equivocábamos y que Ibiza, en realidad, sigue igual que siempre o incluso un poquito peor.

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