Opinión
Eufemismos y otras armas de guerra
Un exempleado de la BBC filtró una circular que, supuestamente, la cadena había enviado a los redactores con las directrices para describir los «acontecimientos recientes en Venezuela».
««Capturado»: atribuya este término a la descripción de la operación por parte de EE. UU. «Incautado»: aceptable para su uso en nuestros propios informes cuando sea apropiado. Evite utilizar «secuestrado»».
Unas normas de estilo que buscarán, seguro, preservar la neutralidad editorial, pero que también abren un debate sobre los límites de la imparcialidad informativa.
Así, oído cocina, hemos leído estos días todo el espectro de eufemismos que el lenguaje es capaz de oponer a la palabra secuestrado. El presidente Nicolás Maduro —junto a su esposa, Cilia Flores— fue detenido mientras dormía, tomado bajo autoridad de EE. UU., puesto bajo custodia, aprehendido, arrebatado, capturado en una dramática operación militar, llamado a comparecer y dejado bajo control de fuerzas estadounidenses. Fue incautado, evacuado, interceptado, neutralizado y extraído; retirado del lugar, removido del país, asegurado por las fuerzas intervinientes. Fue llevado, sacado de manera discreta, transferido, abandonó Venezuela bajo custodia. Con lo que, según el medio, uno no sabe bien si la Operación Determinación Absoluta por parte del Gobierno de Trump fue fruto del muy anunciado sueño imperialista del presidente o si este se ofreció a echarle una mano en una mudanza.
Y cómo chocan muchos de estos adjetivos calificativos, caramba, con el hecho —en declaraciones del propio Gobierno invasor— de que «la incursión militar en Venezuela causó al menos 75 muertos entre militares y civiles». Y, sin embargo, fue calificada como una «redada quirúrgica», una «operación limpia».
La noticia llegó de su actor principal, Donald Trump: «Estados Unidos ha llevado a cabo con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder, el presidente Nicolás Maduro, quien ha sido capturado y expulsado del país junto con su esposa».
Al ser preguntado en la rueda de prensa posterior sobre la declaración de la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, de que el acto había sido un «secuestro», Trump respondió imperturbable: «Está bien. No es un mal término». O, tal vez, no lo sea siempre que sea él quien lo pronuncie, y prefieran no arriesgarse los directivos de la BBC, quienes pueden haber recibido su propio comunicado por parte del equipo legal diciendo algo parecido —pero en inglés— a un «no está el horno para bollos». No en vano, recordemos que apenas el pasado diciembre Trump presentó una demanda contra la cadena solicitando una indemnización de 10.000 millones de dólares, acusándola de ofrecer «una representación falsa y engañosa de Trump» por un documental emitido una semana antes de las elecciones presidenciales de 2024. ¡Como para no curarse en salud tirando de eufemismos!
Y si no sabemos cómo describir los hechos, peor es cuando tampoco tenemos manera de nombrar las causas. La acusación más repetida para derrocar a Maduro era la de ser «el líder de la organización narcoterrorista designada Cártel de los Soles», máxima responsable «del tráfico de drogas a Estados Unidos y Europa». Pero, a horas de su ingreso en prisión, tampoco eso tiene verbo ni sustento. The New York Times ha desvelado que no existe algo parecido a un Cártel de los Soles, sino que se trata de una expresión venezolana de los años noventa que hacía alusión a militares de la dictadura corrompidos por el dinero de la droga. La Operación Determinación Absoluta ha pasado de la épica a simple bluf a gran velocidad. Al final, para sorpresa de pocos, aunque justicia parece, petróleo es.
Pero las palabras importan, vaya que importan. Bastante tuvimos con tragar con el absurdo de que las infantas no se separan, sino que «interrumpen su relación matrimonial» o decretan un «cese temporal de la convivencia». Con el ridículo de qué indemnización ni indemnización, que fue un «despido en diferido» de «esa persona de la que usted me habla». Pero recordemos, en esta trágala sin fin, que las autoridades rusas prohibieron a los medios utilizar la palabra «guerra», bajo penas de cierre, multa y prisión. La directriz entonces fue «operación especial para proteger la soberanía y la integridad territorial de Rusia». Una no-guerra que arrastra ya, según distintas fuentes humanitarias, solo en Ucrania, cerca de 100.000 soldados fallecidos y más de un millón de civiles heridos.
Por eso, si Maduro fue «capturado», «trasladado» o «secuestrado» no es una banal elección semántica o la posibilidad de quedarnos sin sinónimos. La palabra invierte totalmente la carga del delito: la víctima pasa a ser el delincuente y viceversa. Y la equidistancia... acrecienta al monstruo.
Si tienes la suerte de presidir un país que alberga petróleo, oro, plata, diamantes, litio, cobalto, níquel, tierras raras o jamón del bueno… elige cuidadosamente el pijama. No vayas a ser el próximo no-secuestrado.
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