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Opinión

Del bello cuento navideño

Durante 400 años no se celebró porque nadie sabía en qué fecha nació

Estas fechas de fiestas son un no parar: Nochebuena, Navidad, Santos Inocentes, Nochevieja, Año Nuevo, Reyes. Durante 400 años no se celebró la segunda de estas festividades porque nadie sabía en qué fecha nació, nada menos, el Hijo de Dios. Desde luego, no fue en diciembre. En su evangelio dice Lucas que los pastores dormían al raso, de manera que el evento tuvo que ser en primavera o en otoño. Lo que sucedió realmente fue que los primeros cristianos tenían la competencia de las Saturnales romanas, que se celebraban en diciembre y que el mitraismo oficial en tiempos de Aureliano celebraba el ‘Natalis Solis Invictus’ o nacimiento de Mitra, dios Sol, precisamente el 25 de diciembre. La Iglesia tenía que contrarrestar con otra fiesta aquellos fastos paganos y montó la Navidad, que oficializó el bueno de Liberio, obispo de Roma. Tanto da el montaje, por ello no vamos a perder la fe. Nos ayudan, por cierto, la salsa, el pavo y los turrones. Y no es menos surrealista lo de los Santos Inocentes. No se entiende que con inocentadas y chirigotas celebremos o recordemos el 28 de diciembre algo tan macabro como la degollina de recién nacidos que practicó el bruto de Herodes.

En cuanto a la fiesta de Año Nuevo, ya se celebraba en Babilonia cuando el Sumo Sacerdote hacía sus abluciones al alba en las aguas sagradas del Éufrates, mientras recitaba un cántico a Marduk para que el dios bendijera las cosechas. Que la fiesta se celebre ahora el 1 de enero fue cosa de Julio César, que oficializó el calendario ‘juliano’. Y en lo que se refiere a nuestra última celebración, la de los Reyes Magos, la cosa viene de los eruditos que seguían a Zoroastro. Con ellos se montó el cuento de que los sabios de marras eran reyes, tres y de distinta raza para que el reconocimiento del Mesías fuera universal. Melchor, blanco y rubio, sería europeo y descendiente de Jafet. Gaspar, moreno y de rasgos orientales, vendría de los pueblos semitas como descendiente de Sem. Finalmente Baltasar, negro negrísimo y africano, descendería de Cam. En el pesebre no hubo representantes esquimales, americanos ni australianos porque tales mundos eran entonces desconocidos. Un hermoso cuento, como vemos, éste de la Navidad que les deseo feliz. Molts anys i bons.

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