Opinión
Éxodo
Deberían declarar estos días de Navidad ‘operación salida’
El viernes 19 y el sábado 20 de diciembre no había ni una plaza en el barco de Ibiza a Denia. Deberían las autoridades pitiusas adoptar la semántica de la península y declarar estos dos días ‘operación salida’ con todas las connotaciones que conlleva un acontecimiento de tal magnitud. Más allá de las aguas que nos separan, los telediarios conectan con la DGT (Dirección General de Tráfico) para explicarnos que hay colapso en la A-3 dirección a la costa mediterránea, como si nosotros fuéramos de otra costa. También lo hacen con la estación de Santa Justa en Sevilla, como si todos los que ‘se van’ tuvieran que recalar en el final de un AVE. Anuncian como elemento diferenciador que Renfe ha aumentado las plazas disponibles (alargan los trenes, seguramente) mientras que aquí los de Baleària no atan un barco a remolque del ‘Roosevelt’ y duplican las posibilidades de carga.
El aislacionismo geográfico tiene sus pros, pero también sus contras. Lo cierto es que estos días hay que calcular los que regresan de sus estudios en las universidades más cercanas; los que trabajan en Londres, por decir algo, y vuelven al hogar como el turrón. Por muchos que sean (no dan para un barco al completo) nunca paliarán las cifras de este éxodo masivo de la isla. Si se fijan, hoy miércoles, por ejemplo, Nochebuena, para casi todos, en las casetas de Sant Francesc a alguna hora del día se concentran una buena parte de los que quedan y no conseguimos llenar la plaza. Si me apuran, aún quedan sitios para sentarse.
Aquel sábado 20 los que iniciábamos nuestro éxodo particular hacia el compromiso familiar, nos montamos en el Cap de Barbaria, preludio de diez horas de viaje (aburrido como pocos) hasta el puerto de Barcelona y lo que me llamó la atención fue que muchos afortunados iban a Denia (ignoro su destino final) y en los otros había un denominador común, la cantidad de mascotas, en su 99% de cuatro patas, que ocupaban su lugar en los trasportines adecuados y que en esa hora de travesía no se oyera ni un ladrido ni un aullido de más (lo cual es de agradecer).
No soy veterinario ni psicólogo de perros (profesión de una excelente proyección a tenor del número de clientes potenciales), pero este trajín en algo debe influir en la conducta del animal, lejos de su entorno y que se le nota una mirada (los que he visto) distraída (me dicen que alguno se marea) a pesar de los cuidados sentimentales que le practican sus dueños. Daños colaterales, le llamaría el Pentágono de este éxodo insular.
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