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Opinión

Cambiar el lodo por la hierba

Donald Trump presentó su versión del balance de este primer año de Gobierno describiendo un país que encontró sumido en una crisis sin precedentes: fronteras abiertas que habían invadido un «ejército de 25 millones de personas, muchas provenientes de prisiones, cárceles, instituciones mentales y manicomios», «transexualidad para todos» y «los peores acuerdos jamás firmados». Por suerte, para el país y el mundo —siempre según su versión— llegó ÉL, resolvió «ocho guerras en solo diez meses» y transformó Estados Unidos en un paraíso de «empleos, aumentos salariales, crecimiento y seguridad nacional». Un «éxito» logrado, en gran parte, «gracias a los aranceles. Mi palabra favorita: aranceles».

Quizá no sea la palabra favorita de nadie más —y probablemente a Trump no le importe nadie más—, pero sí es la palabra del año 2025 para la FundéuRAE. Protagonista indiscutible en un año en que la guerra arancelaria desatada por el presidente ha estado en boca de todos.

¿Puede una sola palabra definir un año entero? A saber. Pero asomarse a los diccionarios ayuda a entender quiénes somos, de dónde venimos y, sobre todo, hacia dónde vamos. Y el horizonte pinta mal si se escribe con algunas de las otras palabras finalistas de la FundéuRAE: trumpismo, boicot, apagón, macroincendio, macrorredada, rearme… Cómo no acabar siendo «preparacionista», esa persona que se entrena para sobrevivir a una catástrofe.

Desprenden similar optimismo otros diccionarios, como el Oxford, que ha seleccionado como palabra del año 2025 rage bait (señuelo de ira). Definido como «contenido provocador u ofensivo diseñado deliberadamente para provocar indignación». Quedaron finalistas biohackeo y cultivo de aura; una suerte de construcción artificial de una imagen personal atractiva para venderse en redes. La meta es que tus seguidores te profesen la palabra elegida por el británico Cambridge Dictionary: parasocial; una conexión emocional con alguien que no se conoce; un famoso, un personaje de ficción… o una inteligencia artificial.

Una Inteligencia Artificial (IA) protagonista de la palabra elegida por el diccionario Collins: vibe coding, el desarrollo de lenguaje natural a software o aplicaciones mediante IA, sin necesidad de saber programación. Entre las descartadas figuró broligarquía (del inglés bro y oligarchy), término despectivo dedicado a esa camaradería de hombres ultrarricos —casi siempre pertenecientes a otro neologismo: los tech bros— que usan su fortuna para influir políticamente.

Más desconcertante es la influencia de la palabra elegida por Dictionary.com, cuando ni siquiera es una palabra, sino un número: 67, pronunciado «seis-siete». Abstenganse de intentar comprenderlo si no tienen hijos en edad escolar, o incluso... teniéndolos. Todo un fenómeno viral surgido de una canción de rap y un vídeo en TikTok de un fallo de baloncesto. Extendido como la pólvora sin un significado definido, pero que pudiera ser algo así como «quizá sí, quizá no». El que esté libre de una infancia con chachi piruli, mola mazo, dabuti, okey Makey, qué pasa tron o cualquier otra expresión demodé —incluyendo “demodé”—, que tire la primera piedra.

En la lista de finalistas de Dictionary.com aparecen otras trazos que dibujan el 2025: arancel, broligarquía, kiss cam (por la pillada de dos ejecutivos adúlteros en un concierto de Coldplay) o tradwife, esposa tradicional como ideal de feminidad doméstica, madre y esposa, que resurge como advertencia: mientras los tiempos avanzan que es una barbaridad, se cierne una oscura sombra que pretende devolvernos a la cocina.

Para Merriam-Webster, «el diccionario más fiable de Estados Unidos», la palabra del año fue slop. El término no es nuevo en absoluto: desde el siglo XVIII designa lodo blando, excrementos humanos de similar consistencia o ese mejunje de restos orgánicos que se echa de comer a los cerdos. Hoy, como IA slop, aglutina esa bazofia digital que, gracias al vibe coding, se transforma en rage bait. Un ejemplo ilustrativo lo dio el propio Trump, al publicar un vídeo generado por IA en el que aparecía ÉL desde un avión de combate lanzando mierda sobre los manifestantes de las multitudinarias protestas contra su gestión.

Sin embargo, en Merriam-Webster es el único en que he encontrado, entre las descartadas, una palabra que sí vale la pena… La expresión «tocar hierba» que hasta ahora tenía connotaciones negativas en referencia a caer al suelo, y que este 2025 se ha resignificado en «participar en actividades normales del mundo real». La frase se popularizó tras el asesinato de Charlie Kirk, cuando el gobernador de Utah, Spencer Cox, alertó sobre los peligros de las redes e instó a «desconectarse, salir, tocar hierba, abrazar a un familiar, hacer el bien en la comunidad».

¿Puede una sola palabra definir un año entero? Tal vez no. Pero un vistazo a los diccionarios nos sirve para ver de dónde venimos y, sobre todo... que es urgente cambiar el lodo por la hierba.

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