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Opinión | Para empezar

Basuras, el síntoma de un fracaso colectivo

Hostias (dialécticas) como panes le dieron el martes al presidente insular, Vicent Marí, en el Parlament desde las bancadas de la izquierda. Y, en parte, con razón, aunque les faltó memoria, recordar que buena parte de la culpa de que la política de residuos de Ibiza sea un desastre la tienen ellos. La más destacable fue la intervención de Ferran Rosa, de MÉS per Mallorca, quien puso a los parlamentarios ibicencos (de todas las formaciones) frente al espejo de nuestra cruda realidad, en todos los ámbitos, esa que a veces se ignora y otras se tapa: aquí, dijo, se ha emprendido «la huida hacia adelante de un modelo totalmente colapsado», turístico, social, medioambiental y económico, en el que «no hay vivienda, ni servicios públicos», ni transporte público decente y en el que el mar se ha convertido en una inmensa cloaca. En Ibiza «todo son parches». Y puso el ejemplo de los pluses a profesores o sanitarios para que estos accedan a trabajar en una isla en la que por inmuebles inmundos se pagan alquileres desorbitados: «Es el síntoma de un fracaso colectivo», sentenció, con razón, el diputado balear. Porque la isla, desde hace años, está cogida con alfileres y se sostiene a duras penas. El plan de choque para reducir la generación de basura anunciado la pasada semana tras el Consell de Alcaldes, se agradece, pues al fin se planta cara al caos, ¿pero ahora, dos décadas después de que se empezara a avisar de que el vertedero tenía los días contados? Hay que agradecer a Rosa que expusiera esas verdades como puños ante los parlamentarios ibicencos, a todos, pues ellos, de un color y del otro y desde hace 20 años, son los culpables de que hayamos llegado a esta situación límite, por dejadez, por inoperancia y por estar en la inopia. Por inútiles. El traslado de basuras a Mallorca es, como dice Rosa, el síntoma de un fracaso colectivo, como lo es la política de vivienda o la de recursos hídricos. Y el diputado dijo algo más que nos debe hacer reflexionar: «Que ustedes quieran hundir su isla es un drama para los ibicencos, pero que nos quieran arrastrar a nosotros, me parece más dramático». Y eso es otro síntoma, el de que empiezan a hartarse de nosotros.

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