Opinión
Vota como Dani Martín
Con el WiZink a reventar, Dani Martín compartió uno de esos momentos de dudas existenciales, de humanidad:
“El covid lo sacamos nosotros adelante. Sobre todo los que sois médicos, doctores, enfermeros... y a los cuales no se les ha subido el sueldo. A la gente de las ambulancias, los bomberos, a los policías... Creo que la DANA la sacó el pueblo para adelante también. Y lo más acojonante es que todo es un bucle donde nadie nos da explicaciones. Yo os animo a que no votéis a nadie. Para que se den cuenta de que no nos representa ninguno. Todos buscan algo de nosotros. Espero que a los jóvenes, a los pequeños no se lo pongan más difícil y que tengan derecho a una vivienda digna, a un puesto de trabajo digno. A permitir sacar adelante sus sueños. En fin, nada más. Les mando un abrazo a todos esos políticos para que piensen más en la ciudadanía y no en las empresas que los representan”.
Que la prensa ávida de clics resumió al día siguiente en un “no votéis”, que llevó al cantante a lanzar un comunicado rectificando sus palabras:
“Cuando cometo un error, me gusta pedir perdón. Si hay algo necesario en este Estado de derecho es ir a votar, así que quiero pedir disculpas por mis palabras equivocadas, fruto del hartazgo ante la falta de integridad y compromiso que estamos viviendo. Ojalá una gestión más justa, más unidad y los mismos derechos y oportunidades para todas y todos”.
Que levante la mano quien no tenga un amigo que, tras el segundo cubata, esté declarándose al “te quiero musho” a todas las hembras del bar. Quien no tenga una amiga que, alguna mañana de resaca, amanece maldiciendo: “Todos los hombres son iguales, no me vuelvo a enamorar”. Es más que comprensible que Dani Martín, con el subidón de haber roto todos los récords con su ‘Gira 25 p*t*s años’ agotando todas las entradas de diez conciertos en el WiZink Center de Madrid en apenas 72 horas, tuviera un momento de subidón, casi místico. Lo mismo que mi amigo Manolo en el bar: se sintió como en casa, con el superpoder y el superderecho de decir lo que le viniera en gana.
Hasta ahí, todo bien.
La diferencia radica en que la anécdota de Manolo la recordaremos los cuatro de la pandilla y la camarera a la que le pidió “cáshate conmigo”. Lo de Dani Martín, en cambio, ocupará portadas y será tergiversado. Por eso, a pesar de su rapidísima reacción —para la que Manolo necesita varios Alka-Seltzer—, quiero romper una lanza por el de San Sebastián de los Reyes. Tenía razón. O al menos acertó en un noventa por ciento de sus reclamos que, de media, es muchísimo más que los tantos de las promesas de los políticos en campaña. (Salvo por eso que se lleva ahora de prometer “cuando llegue al Gobierno implantaré tal cosa” que lleva implementada una década, pero esa… es otra historia). Del “no pactaré” al “no subiré”.
El problema no estuvo en Dani, sino en la mente calenturienta que quiso resumir sus palabras como le vino en gana y, todavía peor, de manera literal y no como ironía. Como si pudiera tomarse a rajatabla un “eso es lo que quiero, besos: que todas las mañanas me despierten besos, sea por la tarde y siga habiendo besos, y por la noche me den más besos pa cenar”.
Solo por citar el primer ejemplo —que el artículo no me da para más—: el trabajo heroico de médicos y enfermeros durante el covid fue esencial, sí, pero su capacidad de actuar dependió de decretar cierres, confinamientos, ampliar camas UCI… Las vacunas, que permitieron salir de la pandemia y salvar millones de vidas, fueron financiadas y distribuidas por los Estados. Las bajas por covid, los ERTE y las ayudas a empresas y autónomos también fueron medidas públicas. Hubo compras de mascarillas eficientes y otras que forraron a comisionistas; protocolos que priorizaron a los vulnerables y protocolos de la muerte. Es decir, que se salvaran o se perdieran vidas dependió, en gran medida, de decisiones —u omisiones— de cargos electos.
Y aunque los sanitarios están infrapagados y merecen su peso en oro y un pedacito de cielo, el período Mariano Rajoy (2011–2018) supuso una reducción salarial para los funcionarios del –3% al –5%, con un momento cúspide con la eliminación de la paga extra en 2012. En cambio, durante el Gobierno de Pedro Sánchez (2018–2024/25), los funcionarios vieron incrementado su salario entre un +12% y un +15%. Con lo muchísimo que queda por hacer, el SMI con Rajoy pasó de 641 a 735 € mensuales (+14% en 7 años) y, en la era Sánchez, de 735 a 1.134 € (+54%). y es que, como le digo a mi amiga Antonia: “no, no todos los hombres son iguales”.
Lo que reclamaba nítidamente Dani Martín era reforzar servicios esenciales, defender lo público frente al poder de las grandes empresas, que la vivienda sea un derecho y no una mercancía… Y eso no coincide —de manera literal— con un “no votéis”, sino con un “votad cuidadosamente”. Nos va la vida en ello.
Por eso, por favor: ¡votad como Dani Martín! Que es lo más parecido a que nos den “más besos pa cenar”.
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