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Opinión | Para empezar

Le has dado alegría a mi cuerpo, Macarena

Seguro que conocen esa sensación. Es como estar dentro de una de esas olas grandes que te absorbe a su interior, te voltea como un guiñapo y deja hecho papilla. Te palpas los bolsillos. Los de la chaqueta. Los del pantalón. Agua. También revisas la mochila, la mesilla, levantas el sofá enloquecido, buscas debajo del sofá, incluso te asomas al plato de la ducha. Da igual lo que hagas, querido amiguito, cuanto antes lo asumas mucho mejor: has perdido la cartera.

Primero piensas en el dinero en efectivo. ¿Qué serían? ¿Diez eurillos? Que los aproveche al que lo encuentre, qué remedio. El palazo gordo no es ese, es el del tsunami burocrático que se te viene encima. Por tonto. La simple idea de ir a comisaría a denunciar produce escalofríos y eso solo es el principio. El DNI, el carnet de conducir, la tarjeta sanitaria... ¡la tarjeta del banco! ¡Anúlala ya, patán, que aún te quedas sin los dineros!

Mientras contactas con tu banco para desactivarla, empieza a sucederse en tu mente una diabólica ronda de flashbacks. ¿Dónde se me habrá caído? ¿Quizá me la han mangado? ¡El coche! ¡Seguro que está ahí! Peinas cada rincón del vehículo cual CSI de pacotilla. Rebuscas veinte veces en el mismo cajón. En serio, apechuga de una puñetera vez. Infeliz. Atontado. Qué duro se puede ser con uno mismo en momentos así.

Pasan un par de días sin noticias. Coges todas las llamadas, hasta esas tan sospechosas que tienen prefijo de Polonia y que solo son un puñetero contestador tratando de timarte. Hasta que te llega una con prefijo 971. De Can Ventosa. Que alguien ha encontrado tu cartera y ha visto tu carnet de socio. ¿Ven cómo las bibliotecas son lo mejor que hay? Mi heroína se llama Macarena. Me dan ganas de llamar a los del Río para hacerle una fiesta. No sabes cuánta alegría le has dado a mi cuerpo. Hasta besos le das a la cartera de pura alegría. Te quiero, DNI. Te quiero, carnet de conducir. Os adoro a todos, mis pequeños coleguitas rectangulares. Jamás os volveré a dejar tirados. Por la cuenta que me trae.

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