Opinión
¡Quién dijo miedo!
Es muy difícil no caer en los ritos supersticiosos ante la marea de situaciones por las que sentir miedo. En estas circunstancias aparece el nuevo disco de Rosalía, un canto a la espiritualidad
Pues sin ir más lejos... yo misma.
Dice un proverbio chino que «un hombre feliz es como un barco que navega con viento favorable». Vale. ¿Y si los vientos fueran huracanados y la mar muy agitada? Pues habrá que capear el temporal y seguir navegando.
Así, solo por encima, diré que tengo miedo a que unos insensatos majaderos (que haberlos haylos) se encaprichen también con este país y les dé por machacarnos, como ahora mismo están haciendo en otros lugares.
Miedo a que una desenfrenada tormenta levante el tejado de mi casa y torrenciales lluvias me arrastren sin que nadie venga a rescatarme, porque el responsable de avisar del peligro esté de fiesta o de siesta, que para el caso es lo mismo.
Miedo a que aparezca otra pandemia y volvamos a estar aislados y confundidos, viendo enemigos por todas partes y, como única defensa, unas mascarillas que nos taparán la boca y, como próximo gran invento invernal... también las orejas. (Fuera de bromas, inmenso agradecimiento a todo el personal sanitario y no sanitario de nuestra vapuleada Sanidad Pública) .
Miedo a tomar decisiones equivocadas, miedo a que no quede un animalito vivo sobre la tierra, miedo a perder el sentido común y no diferenciar la verdad de la manipulación y suma y sigue.
Y ante tantas incertidumbres, ¿qué puedo hacer?
Pues cruzo los dedos o toco madera y le estoy cogiendo auténtico vicio a estas sinrazones.
Recuerdo que al comienzo del libro de Umberto Eco, ‘El péndulo de Foucault’, la primera frase que aparece es: «La superstición trae mala suerte». Y en esta paradoja, me digo que tonterías las justas y que la única magia que existe está en la realidad misma.
Pero de una forma mecánica, vuelvo a cruzar los dedos o tocar la madera de mi llavero. Son gestos apotropaicos. Apotropaico: «Dicho de un rito, de una fórmula, etcétera que, por su carácter mágico, se cree que aleja el mal o propicia el bien».
La primera sorprendida soy yo, pero debo explicar que mi abuela se crió en Galicia y ya sabemos que en esas tierras las meigas sí existen. Abrir un paraguas dentro de la casa o que se cayera un cuadro... ¡Ay! Algo no muy bueno iba a suceder. Mi madre actuaba de inmediato y recalcaba que no deberíamos hacer caso de esas triquiñuelas y que Dios siempre estaba ahí arriba, bien atento para alejarnos de todo mal. Pero claro, ahí han quedado todos esos avisos irracionales, todas esas liturgias y rituales entremezclados con misas y rosarios.
Y heme aquí que aparece Rosalía, lo cual no es muy extraño porque, al parecer, es la cantante más escuchada del mundo y, claro, la tenemos hasta en la sopa.
¡Fiat lux! Ahí está ella hablando entre otras cosas de espiritualidad y de mística.
( Me ha animado a sacar el ‘fenómeno Rosalía’ una frase muy misteriosa de San Juan de la Cruz que decía: «Para ir dónde no se sabe, habrá que ir por dónde no se sabe». Pues aquí me tienes.)
Conste que no soy seguidora de Rosalía, ni he escuchado todo el disco porque yo soy de otro credo, pero tengo que decir que me ha sorprendido y valoro que se haya metido en ciertos charcos, lo cual, hoy por hoy es meritorio. Entre otras cosas, en una de sus canciones habla de la tragedia de Valencia, en otra se marca un comienzo con música barroca, orquesta sinfónica incluída y con varias colaboraciones del coro de la Escolanía de Montserrat. En fin, me alegra saber que no todo es reguetón o merengue Motomami y puede ser que su nueva narrativa abra otras puertas, especialmente a los de su generación.
Si viviera mi admirado Salvador Pániker, diría que el disco de Rosalía es retroprogresivo, es decir, un híbrido a la vez innovador y tradicional, que concilia lo transcendente con la sensibilidad estética actual, lo progre y lo retro como extremos complementarios.
Pániker sí que ha escrito sobre mística (por cierto, decía que habría que inventar otro vocablo) y recordaba que solo los místicos tenían acceso al presente, único arte de navegar que nos permitiría soltar algunos de los muchos temores. Vivir intensamente la realidad ya sería un estado místico. No ha sido el único pensador que nos ha hablado del aquí y ahora, de vivir el presente sin arrepentirnos del pasado, ni temer a un futuro que ni tan siquiera sabemos si llegará.
Pues así las cosas y entre estas aguas me movía yo...
Intuyo que cada uno tendrá que buscar su propia música y vivir sus contradicciones y sus miedos, pero sabiendo que habitando el presente podremos disfrutar y reconocer que simplemente el estar aquí, ya es un milagro.
Cambio de rumbo porque creo que ya me estoy enredando por demás y lo último que yo quisiera es aburrir al personal.
Pues eso, que ya han puesto las luces de Navidad y nos esperan fiestas y comilonas varias, que espero sean disfrutadas con salud y muy buenas compañías.
(Y discretamente, sin que nadie me vea... cruzo los dedos por si acaso).
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