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Opinión

El GEN ante la crisis medioambiental (y los romanos)

Cuando se habla de los principales problemas de la isla de Eivissa, se alude a cuestiones como la falta de vivienda o la saturación turística (esa saturación que los que ganan dinero con ella siguen negando). Sin embargo, y sin que ello deba restarle importancia alguna a la problemática anterior, el auténtico reto, lo que de verdad debería preocuparnos a todos, es la crisis medioambiental y climática. De hecho, todo va enlazado. Y, además, absolutamente todo depende de nuestra salud medioambiental. Si no salvamos nuestras aguas, nuestras praderas de posidonia y nuestros fondos de coralígeno, nuestros bosques y sus pinos, nuestros humedales y su alto valor como sumideros de carbono, todo lo demás no importa. Ni turismo ni vivienda ni cultura ni nada. Y hasta que esto no se entienda, seguiremos un rumbo equivocado que nos conduce al desastre.

Vivimos en una isla que encementa la costa (lo de Caló de s’Alga y Siesta es un delito ecológico) y que crea más paseos marítimos y pasarelas para ganar terreno al mar (ses Figueretes es el ejemplo) en un momento en el que el mundo entero sabe que hay que hacer lo contrario y renaturalizar. Vivimos en una isla en la que la palabra sostenibilidad ha perdido el sentido de tanto usarla de manera espuria (que diría un abogado), donde la construcción y la masificación siguen destruyendo naturaleza, donde desaparecen nuestras especies más emblemáticas (y necesarias en el ecosistema) y donde impera un greenwashing o bluewashing que organiza charlas de conservación marina para luego irse a comer peces de especies vulnerables o que usa fotos de aves preciosas tomadas a costa de entrar en espacios protegidos que no se cuidan.

Es decir, en resumen, en esta isla hace muchísima falta más conciencia medioambiental y renaturalizar almas al tiempo que espacios. Necesitamos una sociedad más y mejor informada en materia de responsabilidad ambiental. Y ahí entra el trabajo que realiza el GEN-GOB (Grup d’Estudis de sa Naturalesa), como una aldea gala en un país invadido por los romanos, porque el GEN, más allá de su papel como grupo de acción contra la especulación salvaje del territorio, ha destacado en la labor de educación medioambiental, sobre todo entre los más jóvenes. Y —algo que es necesario destacar— lo hace desde un punto de vista local; el GEN ha enseñado a muchos niños a mirar esa biodiversidad amenazada que tienen más cerca y a entenderla formando parte de su paisaje y su cultura. ¿Quién puede estar en contra de esto?

Buena parte de esa labor educativa la ha llevado a cabo, en los últimos años, desde Can Casals, una casa reformada que los miembros del GEN han cuidado con amor y han utilizado exactamente para los fines para los que el Ayuntamiento se la cedió. Sin embargo, para sorpresa de todos —aunque muchos, a veces, queremos creer que la administración ha dilapidado su capacidad de sorprendernos—, el equipo de gobierno de Rafa Triguero ha decidido echar a la organización ecologista de Can Casals. El Ayuntamiento quiere —dicen— disponer de la casa para otras actividades. Pero, ¿qué actividades hay más importantes que la educación medioambiental? ¿Por qué no han concretado más si de verdad tienen planes?

Si una asociación realiza con ganas y resultados una tarea que quizás debería hacer un ayuntamiento, lo que debe hacer esa administración es apoyarla, dejarla trabajar y tenderle puentes. Echar al GEN de Can Casals lo único que parece revelar es la falta de compromiso medioambiental del Ayuntamiento de Eivissa. Y aquí, confieso, ya no me sorprendería lo más mínimo.

En definitiva, lo que tal vez debería recordar el equipo de gobierno —a menudo a todos se les olvida— es que Can Casals no es suyo, sino del pueblo, que todo lo que un Ayuntamiento gestiona lo hace en nombre de la ciudadanía y pensando en el bien común. Y en esta sociedad en concreto necesitamos tanto al GEN como unos gestores con más altura política, que sepan dar respuesta a las necesidades más allá de sus filias y fobias y sus gustos y colores. El GEN lleva más de cuarenta años —con sus más y sus menos— demostrando que sabe hacer el trabajo por el que nació, y ahora la pregunta es si también el equipo de Rafa Triguero sabrá hacer lo mismo y volver a tender esos puentes tan necesarios que ha derribado. En cualquier caso, tengo mucha curiosidad por saber qué quiere hacer el Ayuntamiento en Can Casals.

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