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Opinión | Para empezar

Huevos de oro

Comenzaron con las bebidas alcohólicas y los jamones. Después, mi supermercado puso bajo llave champús y desodorantes (a los chorizos del barrio no les gana nadie a limpios). Más tarde, tocó proteger el aceite de oliva, que empezaba a merecer también por sus precios el calificativo de «oro líquido». Y ahora me temo que cualquier día nos encontraremos todos los huevos con alarma, porque entre el confinamiento de las gallinas y los aprovechados que pescan en los ríos revueltos de la especulación, a este paso se nos va a poner la docena a diez euros.

No sé si se habrán parado a calcular cuánto ha subido en unos pocos meses el desayuno (con el café por bandera). Pero lo cierto es que a los que llevamos una casa con uno de esos sueldos que nuestros empleadores llaman «medios» y que en una isla como Eivissa solo dan risa, o ganas de llorar, se nos empiezan a agotar las formas de estirarlo (y no quiero ni pensar en pensionistas y parados). Después de habernos convertido en devotos de las marcas blancas, de aprender a disimular en los fogones que el pescado venía congelado, o de racionar hortalizas y verduras frescas en salsas y caldos porque «menos es más», que te dicen como consuelo, alguno debe de estar ya pensando en poner a la familia a dieta. Una exageración que en una isla donde hay trabajadores que tienen que recurrir al banco de alimentos de Cáritas porque el alquiler se lleva todo lo que ganan suena dolorosamente real.

Pese a que alguien me podría considerar una «perra de la izquierda», que diría con su inigualable finura Patricia de las Heras (aunque yo, a diferencia de la diputada de Vox, nunca pediría a una persona que se marchara del barrio, ni a ella ni a los inmigrantes que su partido defiende expulsar), no abogo especialmente por rebajas de impuestos o subvenciones a los alimentos básicos. Solo son parches temporales que acabamos pagando todos y para todos, incluyendo los especuladores, que suelen aprovecharlas para elevar aún más el precio. En Eivissa, muchas familias ya no pueden más y lo que necesitamos no son unos centimitos del IVA sino subidas salariales, y de las prestaciones, que contemplen la inflación real sin subterfugios y una vivienda asequible que no devore ingresos y sueños. Que se nos está quedando una bonita sociedad de pobres con trabajo.

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