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Opinión

Estrategias turísticas de Perogrullo

Ayer, cuando me senté a escribir este artículo, el enlace a la encuesta ‘Tomando el pulso al modelo turístico’, creada por encargo del Consell Insular d’Eivissa para que la ciudadanía pueda opinar sobre el modelo que debe predominar en el futuro, no funcionaba. Y el anuncio acerca de ella que figuraba en la página de inicio del portal de la institución también había desaparecido. Desconozco si la causa fue un fallo puntual e involuntario o si, por el contrario, la máxima institución pitiusa ha decidido dar marcha atrás en la consulta, por temor a los resultados o a consecuencia de las innumerables críticas recibidas por eludir de forma directa las grandes polémicas isleñas, de sobra conocidas por la ciudadanía.

En todo caso y aunque está bien que se consulte al residente sobre las cuestiones trascendentales que le afectan en su día a día, resulta insólito preguntar por asuntos tan evidentes como, por ejemplo, “¿qué cosas afectan de manera negativa al turismo en Ibiza?” y que entre las múltiples opciones proporcionadas al encuestado no figure una sola alusión al turismo de desmadre, la expansión del lujo, los precios disparatados o a que el aeropuerto se haya convertido en un anuncio permanente de las salas de fiestas, al igual que las carreteras con las vallas.

Es sólo un ejemplo de las múltiples omisiones de una iniciativa que, según se deduce de su redacción, pretende tomar el pulso a los ibicencos sobre las carencias y efectos secundarios de nuestra principal industria y, al mismo tiempo, parece temer sus respuestas. Eso, o que las tres consultoras contratadas para determinar cómo debemos afrontar el turismo en el futuro, que por cierto cobran un pastizal –la licitación superaba los 600.000 euros–, no han hecho una mínima prospección aunque sea leyendo la prensa local de los últimos meses, para redactar de manera coherente las preguntas. Y todo ello para que luego nos acaben diciendo lo que ya sabemos.

La parcialidad es tan flagrante que un grupo de residentes ha decidido crear su propia versión de la encuesta, para que los ibicencos puedan responder lo que realmente piensan, sin dejar al margen ninguna cuestión importante. Dicha encuesta alternativa, por ejemplo, proporciona posibles respuestas como éstas a la pregunta sobre las cuestiones que más negativamente afectan a la imagen de la isla: “las desigualdades que provoca una isla enfocada al lujo”, “una promoción turística que muestra unas playas irreales”, “un sector del ocio sobredimensionado”, “la conexión entre la isla y el tráfico de drogas”, “los vertidos constantes de aguas residuales al mar por un sistema obsoleto” o “la degradación de nuestras costas y espacios naturales en general”. Es decir, una encuesta que llama al pan, pan, y al vino, vino; justo al contrario que la del Consell.

Resulta incluso hiriente que la institución tenga que preguntar a un conglomerado de consultoras externas lo que hay que hacer para que el turismo sea más “sostenible”. Éste, por cierto, es un concepto que nunca falta en las operaciones gatopardistas de maquillaje de la industria, provocando que pierda su significado. En Ibiza ya todo se define como “sostenible”: los hoteles, las discotecas, las navieras, los cruceros y hasta la avaricia descarada de quienes sacan la mayor tajada de una industria que, a la manera de los países bananeros, cada vez hace más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. La desigualdad entre los salarios y el coste de la vida nunca había estado tan acentuada y la causa de este problema, al que no se atisba solución, es precisamente un modelo turístico orientado al lujo y la fiesta, que ha laminado nuestra calidad de vida.

La gran mayoría de los ibicencos, con independencia de su ideología política, ve con claridad las causas de la deriva que ha tomado la isla. Si se le hiciesen las preguntas adecuadas, citaría fuentes como éstas: el exceso de turismo de fiesta y borrachera, los muertos precipitados desde los balcones y por sobredosis de drogas, la desaparición del turismo familiar que se interesaba por nuestra cultura, patrimonio y tradiciones, la conversión de las viviendas destinadas a los ibicencos en turísticas o segundas residencias de extranjeros, el exceso de oferta de lujo que nos ha convertido en uno de los destinos más caros del continente generando una inflación brutal, la suciedad omnipresente y las infraestructuras obsoletas, la degradación de las playas y los espacios naturales, el exceso de población, etcétera.

En 2021, a consecuencia de la crisis del Covid, tuvimos la insólita oportunidad de conocer cómo sería una Ibiza con un turismo más familiar, ya que aquella temporada, por imperativo sanitario, las discotecas y beach clubs no pudieron funcionar como tales y el público que llegó a la isla lo hizo por motivos completamente diferentes: gastronomía, cultura, patrimonio, naturaleza… Y fue maravilloso. Conviene no olvidarlo.

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