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Opinión | Para empezar

Desencantados del Tinder turístico

Estuvo muy acertado el edil de Turismo de Ibiza, Rubén Sousa, cuando en el pasado Foro Marino comparó la promoción turística con una aplicación para ligar: «En Tinder, uno también pone su mejor foto para venderse bien», alegó. Al concejal le traicionó el subconsciente, porque ese símil equivale a admitir que la Ibiza que se vende en las ferias es, en buena medida, sólo fachada. Quienes utilizan esa y otras aplicaciones de citas ponen la cámara del móvil en modo belleza, exageran sus currículos y ocultan la información que puede delatar el lado más mezquino, vergonzoso o tenebroso de sus vidas, sus accesos de locura, su bipolaridad, quizás su dependencia de ansiolíticos, alcohol o drogas… En el Tinder de las ferias turísticas, como la que se acaba de celebrar en Londres, la Administración y los empresarios de Ibiza hacen lo mismo: muestran fotos de almendros en flor, pero callan que se están arrancando de raíz a causa de la sequía, la vejez y las enfermedades; presumen de parajes bucólicos, pero ocultan las masas de pinos estresados hídricamente que están siendo perforados por una implacable plaga de coleópteros; muestran vídeos de calas paradisíacas, de ensueño, pero atestadas en verano por turistas y barcos, y que en época estival pierden su claridad debido a los continuos vertidos. Y ni mencionan el drama de la vivienda, ni la escasez de agua, ni el transporte público tercermundista, ni a los hooligans, ni al balconing, ni a esa droga que los vuelve tan locos que quieren volar. Una Ibiza de Tinder que tapa con maquillaje sus granos, arrugas y ojeras.

Da la sensación de que las autoridades y los empresarios del sector siguen sin entender que, aunque esa promoción cuele fuera, aquí no son pocos los que ya están hartos y reclaman cambios drásticos. Por ejemplo, ese grupo que acaba de lanzar en internet «la encuesta que sí queremos los ibicencos», muy crítica y que propone una serie de respuestas que delatan el hastío y la desafección de una parte de la sociedad con el turismo, su desencanto ante tanto maquillaje y Tinder.

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