Opinión | Editorial
Prevención urgente ante las danas en las Pitiusas
Es preciso acometer las obras necesarias para minimizar los daños de las inundaciones, especialmente en la carretera del aeropuerto

Un coche sumergido en el tramo inferior de la carretera del aeropuerto, inundada. / J.A. RIERA
Los recientes episodios de danas que han sufrido las Pitiusas deberían servir para tomar medidas con el fin de minimizar los daños que futuras lluvias torrenciales pueden originar en las zonas más proclives a inundarse. La emergencia climática ha aumentado la recurrencia de estos fenómenos meteorológicos extremos, propios del clima mediterráneo, por lo que es necesario prepararse a todos los niveles: tanto en planes y protocolos de emergencia y colaboración entre instituciones, organismos y entidades que se movilizan ante este tipo de catástrofes; como en materia de urbanismo y obras públicas. La primera reforma que se debería acometer, con urgencia, es la de la carretera del aeropuerto, una de las más importantes de la isla, que cada vez que llueve de forma intensa se inunda porque está construida por debajo del nivel freático y, evidentemente, no está bien diseñada en el tramo inferior que pasa por el hipódromo de Sant Jordi y bajo la rotonda de este pueblo y ses Salines porque carece del drenaje que necesitaría una obra que actúa como barrera física para el caudal que llega desde las zonas más altas del entorno. El proyecto ya fue muy polémico en su día, hace 20 años, y entonces ya se alertó de las consecuencias que podría tener, tal y como recordó el concejal de Ara en el Ayuntamiento de Sant Josep, Josep Antoni Prats, que subraya el error de cortar el curso de los torrentes que nacen en las montañas del norte de Sant Jordi. El propio alcalde de Sant Josep, Vicent Roig -del PP, el partido que construyó las controvertidas autovías-, ha exigido una solución para acabar con las inundaciones en esta vía, que desagua en la red municipal de evacuación de aguas pluviales en vez de canalizarse hacia el mar. La propia vicepresidenta segunda del Govern, Antònia Maria Estarellas, dijo el viernes que «es inconcebible que una obra de estas características no tenga desagües», y echó la culpa al PSIB, que la acabó.
El proyecto no se terminó en 2007, cuando tendría que haber quedado resuelto el drenaje de la autovía, una muestra más de la chapuza que se hizo en su día y cuya herencia sufrimos en forma de inundaciones periódicas. La negligencia, pasotismo y es posible que otros intereses de los políticos y técnicos que gestionaron esta obra, una de las más grandes hechas nunca en la isla, tienen estas lamentables consecuencias. Quien tenía que haber controlado que el proyecto se hiciera bien y se terminara no lo hizo, una dejación de funciones irresponsable. Es urgente acometer ahora las obras necesarias para arreglar, en lo posible, el desaguisado.
Las inundaciones del 30 de septiembre atraparon a varios vehículos que circulaban por el paso inferior de la carretera del aeropuerto, cuyos ocupantes lograron escapar ilesos, afortunadamente. La autovía permaneció cerrada durante tres días, a lo largo de los cuales camiones de la UME especializados trabajaron a destajo para achicar tres millones de litros de agua. El pasado jueves volvió a cortarse, aunque de forma preventiva y breve, ante el riesgo de que volviera a anegarse con coches circulando. Algo parecido, aunque a mucha menor escala, ocurre en el pequeño túnel subterráneo de la carretera de Puig d’en Valls. No debemos esperar a que haya víctimas para hacer las reformas que eviten o reduzcan las inundaciones.
Pero además hay otras zonas críticas en las que urge intervenir. El desarrollo urbanístico en la isla de Ibiza no ha tenido en cuenta las zonas inundables, por motivos especulativos y económicos, lo que agrava notablemente los efectos de las lluvias torrenciales, como ocurre en la zona de es Pratet y el paseo marítimo de Vila. Hay que insistir, por cierto, en que es suicida que el Govern balear y los ayuntamientos, todos del PP, sigan adelante con su plan de facilitar la edificación en zonas inundables.
El concejal Jordi Grivé recuerda que el 65% de la zona urbana de la ciudad es propenso a anegarse, un dato que ya es por sí suficientemente ilustrativo. Pero incluso ante una situación de partida muy complicada, hay margen para reducir los daños con determinadas actuaciones. El Ayuntamiento ya ha anunciado acciones que deberían ser inmediatas: una canalización para duplicar la capacidad de evacuación del agua del puerto y ampliar la del torrente de sa Llavanera (hubo graves inundaciones en la zona del Brisol y es Pratet) y ses Feixes (cuyas salidas al mar se han taponado a lo largo de los años). Todas las instituciones locales pitiusas deben analizar en qué lugares se producen las inundaciones más graves y qué medidas pueden tomar para reducir el riesgo y la gravedad de las consecuencias y ejecutar las obras necesarias en el menor tiempo posible. Ante las danas, cada vez más frecuentes y extremas, los ayuntamientos, los consells y el Govern balear deben dar prioridad a las acciones para prevenir posibles desastres en caso de aguaceros torrenciales como los que acabamos de vivir en Ibiza.
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