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Opinión | Editorial

Una catástrofe que rozó la tragedia

Las lluvias torrenciales han dejado daños millonarios pero, milagrosamente, ninguna víctima

Las lluvias torrenciales del lunes y martes que provocaron el desastre y el caos en Ibiza han sido «históricas y extraordinarias», según las calificó la propia Aemet. Vista la magnitud de los destrozos, es milagroso que no haya habido víctimas humanas y que el balance se haya quedado en tres heridos leves, dos por caídas en calles y otro en el derrumbe de una ladera sobre un hotel, donde los bomberos tuvieron que liberar a cuatro personas. La situación catastrófica recordaba a la de la dana en Valencia, aunque en menor proporción: coches sumergidos en pasos inferiores de carreteras completamente anegados, garajes inundados hasta arriba, vehículos arrastrados por las riadas, edificios y muros derrumbados... La Guardia Civil y la Policía rescataron el martes a 180 personas y varios perros e hicieron 59 auxilios en viviendas y vehículos: sin la heroica y profesional intervención de estos agentes, seguramente ahora estaríamos lamentando muertes.

Los ayuntamientos de Ibiza y Sant Josep pedirán a Madrid la declaración de zona catastrófica, lo que el delegado del Gobierno en Balears, Alfonso Rodríguez, se ha comprometido a agilizar con el fin de que las ayudas estatales puedan llegar cuanto antes a los afectados, tanto particulares como empresas e instituciones. Es necesario que las administraciones sean diligentes y cooperen, como han hecho hasta ahora, para paliar las pérdidas ocasionadas por las inundaciones y para que no se repitan en Ibiza los problemas que ha habido en Valencia a la hora de gestionar las ayudas. La tramitación de éstas y el cobro debe ser fácil y rápido, pues las riadas han supuesto la ruina para numerosos negocios y particulares. La patronal Pimeef ya está recopilando los daños en empresas, que sin lugar a dudas son millonarios.

El operativo de emergencias se desplegó de forma inmediata con la implicación de todos los efectivos disponibles, desde la Unidad Militar de Emergencias, movilizada el mismo martes por la tarde a petición del Govern, hasta los voluntarios de Protección Civil, pasando por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, policías locales y bomberos, en algunos casos con refuerzos llegados desde fuera de la isla. La presidenta del Govern balear, Marga Prohens, se desplazó también la misma tarde del martes a la isla para participar en el operativo y seguir sobre el terreno la evolución de los acontecimientos y varios consellers recorrieron las infraestructuras dañadas para actuar con celeridad y ponerlas nuevamente en servicio. De la misma forma, los alcaldes y el presidente del Consell estuvieron también al frente de los trabajos contra reloj para recuperar la normalidad en las zonas más afectadas.

La cantidad de agua caída en muy pocas horas, más de 300 litros por metro cuadrado en algunos puntos y 252 en la ciudad de Ibiza, es imposible que no provoque graves inundaciones: no hay infraestructura de drenaje o de saneamiento que lo soporte porque es un fenómeno meteorológico extremo con un gran poder de destrucción. Pero lo que sí que hay que revisar es si se podría haber avisado antes a la población, tal y como denuncian comerciantes con sus locales destrozados, pues la alarma del 112 llegó a los móviles de los ciudadanos a mediodía, cuando se decretó la alerta roja (hasta entonces era naranja), pero ya llevaba horas diluviando con fuerza y las inundaciones de carreteras, bajos y garajes eran generalizadas. Si algo hemos aprendido de la lamentable actuación de las autoridades competentes en Valencia, es que hay que advertir cuanto antes a la ciudadanía frente a posibles desastres meteorológicos porque la prevención y evitar riesgos es clave para eludir los daños humanos. También volvió a quedar en evidencia el defectuoso diseño de la autovía del aeropuerto, ya denunciado en su día, cuyos sistemas de drenaje de las aguas pluviales siguen siendo insuficientes y originan que los túneles queden anegados cuando se producen precipitaciones intensas.

Por otra parte, tras esta catástrofe, el Govern balear y los ayuntamientos se deberían replantear su propósito de permitir más edificaciones en zonas inundables, pues es absolutamente irresponsable autorizar la construcción en lugares con estas características. De hecho, el urbanismo desarrollado sin tener en cuenta la orografía y el riesgo de anegación es la causa de que aumenten las víctimas humanas y los daños materiales cuando hay trombas de agua, tal y como también se comprobó hace ya casi un año en Valencia. Y, por desgracia, la crisis climática en la que estamos sumidos hace prever que episodios como los del lunes y el martes, con sus devastadores efectos, puedan repetirse cada vez con mayor frecuencia.

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