Opinión | Tribuna
No estamos bien
Podríamos llevar en nuestros genes el conflicto y la insolidaridad
No estamos bien. Yo no sé si ha sido la pandemia o nuestra propia condición la que nos hace comportarnos así. A lo mejor no hemos estado nunca bien y ahora se ha acentuado nuestra tendencia natural. Guerras ha habido siempre y crímenes y personas individualistas que se creen a salvo armados con un remo en un buque en el que o remamos todos o nos hundimos juntos. Solo hay que mirar a Gaza, a Ucrania, a tantos conflictos enquistados para que nos inunde la vergüenza.
Pero no hace falta irse a un país en guerra. Acabo de volver de viaje, en el primer mundo; el que toma las decisiones e impone sus criterios; el que está libre de hambre, sed y muerte, al menos para la gran mayoría, y he visto cosas terribles. He visto cosas que sí creeríais, al contrario de lo que dice Roy Batty en ‘Blade runner’. Las creeríais porque convivimos con ellas cada día. He visto personas tiradas por la calle sin recibir ayuda y he escuchado comentarios de trabajadores que no entienden por qué en nuestro país la sanidad es gratuita o hay derecho al paro o, simplemente, bajas laborales. He visto a viajeros que tienen dinero suficiente para pagarse un pasaje de avión, pero no paciencia para soportar sin insultos o gritos un retraso de diez minutos para bajar sus maletas y llegar al aeropuerto. Los he contemplado vociferantes, arrollando con su equipaje a niños y ancianos para demostrar así que su prisa es más importante que la educación y la empatía. He visto a gente que te sobrepasa por la calle, casi empujándote, porque no puedes pararte ni un momento y un simple excuse me es la contraseña para coger el testigo de la velocidad y el vértigo. He visto un mundo en el que lo importante es el trabajo, ganar dinero y creerse con los ojos cerrados que todos tenemos las mismas oportunidades como si fuera cierto.
Luego, he vuelto a casa, he mirado un poco alrededor, he visto a los bañistas lanzarse contra los inmigrantes en la playa y a personas que se alegran del incendio de la Mezquita de Córdoba. Y sigo pensando que no estamos bien. Que a lo mejor están en nuestros genes el conflicto, la insolidaridad y el individualismo. Menos mal que respiro hondo, rebusco más a fondo y encuentro motivos que me hacen creer que podemos mejorar y cambiar un poco el mundo. Y me alegro de vivir en un país en que, a pesar del clima de crispación y del insulto como norma, la mayoría sigue pensando que la sanidad debe ser un derecho como la educación y la justicia y que no es absurdo compartir con quienes no tienen nada si nosotros lo tenemos casi todo.
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